Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | 'THE OTHER CLUB'
Albert Sáez

Albert Sáez

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

El liderazgo contracultural de León XIV inspira a resistir la polarización en la España actual

.

. / CHATGPT

La polarización exige crear un permanente estado de excepción. Y de excitación. Los bloques se cohesionan cuando pueden advertir de una amenaza inminente por parte del contrario. Y si no existe, la fabrican artificialmente con un tuit, con un proyecto de ley o con una pregunta hiperbólica en el Congreso. Esa es ahora la dinámica política en España. Durante esta semana, León XIV ha impuesto, con su mera presencia, otra dinámica política. Y este viaje ha tenido y tiene tres grandes hitos: la intervención ante las Cortes españolas, la bendición de la nueva Torre de Jesús de la Sagrada Família y la visita a los campamentos de inmigrantes de Canarias en las dos últimas jornadas en España. En el Congreso, Prevost demostró que se pueden defender las propias convicciones buscando el acuerdo con los demás, en lugar de utilizarlas para marcar una identidad inconfundible. En la Sagrada Família, recuperó el espíritu olímpico del 92 en una ceremonia que reunió a autoridades de distinto signo político alrededor de la belleza, que es uno de los valores más universales y más inclusivos. Y en Canarias, recordó una verdad incómoda: el bienestar deviene malestar cuando no es compartido. Contrariamente a Juan Pablo II y Benedicto XVI en un sentido y a Francisco en el contrario, León XIV no habla contra el mundo sino que se propone acompañarlo como ha señalado agudamente Joan Tapia. Y lo hace bien.

Antagonista de los hombres fuertes

Una colega nada afecta al mundo de la religión católica me comentaba el jueves: «este Papa es muy listo, no permite que nadie se apropie de él y es su propia imagen la que no fomenta la polarización». De manera que León XIV es hoy el principal antagonista de los hombres fuertes que describe Harari. No grita, no insulta, no publica tuits acaloradamente, no da lecciones, no cita el Evangelio como arma arrojadiza sino como invitación a mirar la vida desde otra perspectiva. En su homilía de la Sagrada Familia, elaboró un mensaje de esperanza a partir de la idea del mundo permanentemente inacabado a cuya construcción se puede contribuir desde perspectivas distintas, en épocas diferentes y con sensibilidades diversas con el común horizonte de cultivar la belleza. Me recordó aquella expresión tan denostada después del Concilio Vaticano II cuando llamaba a los católicos a leer los signos de los tiempos en diálogo con los hombres y las mujeres de buena voluntad, sean o no creyentes.

Líder contracultural

Esta manera de hacer y de decir, como me comentaba mi colega, atrae precisamente a los que no forman parte de su parroquia. Prevost podríamos decir que es hoy un líder contracultural, que habla y actúa a contracorriente sin importarle el riesgo que le signifique. De hecho ha sido el único que ha proclamado no tener miedo a Trump. Y en estos días en España no ha tenido miedo en incomodar al Gobierno con el aborto y la eutanasia, a la oposición con la inmigración y a sus propios obispos con la pederastia. Es un orador punzante y educado que sabe elegir el registro ante cada público y ante cada circunstancia. Y lo que dice cala. Debo confesar que en varios actos públicos en los que he participado esta semana, por ejemplo los premios del Diario de Mallorca, oradores de signo muy distinto han citado algunas palabras de León XIV durante estos días en España.

Su legado en España

Nos quedarán en la memoria diez días de junio que serán, probablemente, un pequeño paréntesis, un oasis en la España agria y polarizada que nos sirve cada día el potaje madrileño. Lo contracultural tarda en calar aunque tenga altavoces tan potentes como León XIV o la Sagrada Família. Pero impactos así alimentan el coraje de muchos que no se atreven a replicar al populismo de los hombres fuertes cuando se expresa en la vida cotidiana a través de quienes está fascinados con su proceder. De la misma manera que muchos se atreven a decir ahora lo que antes callaban porque tienen el paraguas de Trump o de Abascal, otros pueden encontrar ahora el coraje para constestarles bajo el manto de este Papa que habla para convencer, que no responde al griterío con la misma moneda, que no quiere imponer sino acompañar como proponía la 'Gaudium et Spes', «los gozos, esperanzas, tristezas y angustias de los seres humanos actuales son compartidos por los discípulos de Cristo».

El lunes volverá desgraciadamente la tempestad, pero el mero hecho de haber saboreado la calma, y la belleza de la Sagrada Família, seguro que nos hace a todos más resistentes a dejarnos llevar por esa polarización estéril que solo beneficia a los que mandan o a los que los quieren sustituir. ¡Gracias, León XIV!

Suscríbete para seguir leyendo