
Directora de EL PERIÓDICO
Hockney y Gehry, innovación sin límites hasta sus últimos días

Fotografía cedida por la casa de subastas Christie's donde aparece el cuadro del pintor británico David Hockney "Portrait of an Artist (Pool With Two Figures)" -Retrato de un artista (piscina con dos figuras)-, de 1972, que alcanzó un precio récord de una obra de un artista vivo al venderse por más de 90 millones de dólares. / CORTESÍA / EFE
David Hockney dedicó su vida a ampliar nuestra forma de mirar. Desde sus pinturas pop art hasta sus experimentos digitales, su obra confirma que el mundo cambia según cómo lo contemplamos. Esa sensación aparece en The Four Seasons, una vídeocreación de 36 pantallas expuesta en el Centro de Arte Hortensia Herrero de Valencia, que tantas veces he admirado. Un mismo paisaje -el bosque de Yorkshire- retratado desde un coche equipado con 9 cámaras muta con el paso de las estaciones y nos recuerda que incluso aquello que creemos conocer puede revelarnos algo distinto si cambiamos la disposición desde la que lo miramos.
Quizá ahí reside la clave de la trayectoria de Hockney, fallecido anteayer a los 88 años. El artista británico podría haberse convertido en una repetición de sí mismo y de las obras que le dieron fama. Sin embargo, optó por el camino contrario. Cambió de técnicas, exploró nuevos lenguajes y adoptó herramientas digitales como el iPad cuando podía haberse quedado cómodamente anclado en su propio legado.
Algo parecido ocurrió con Frank Gehry. El arquitecto que transformó nuestra manera de entender los edificios, fallecido a los 96 años, alcanzó algunos de sus mayores reconocimientos cuando ya era un artista consagrado. Tampoco él aceptó que la edad pudiera poner límites a la imaginación. Ambos entendieron que innovar no consiste per se en romper con todo lo anterior, sino en seguir encontrando nuevas posibilidades dentro de una búsqueda que nunca termina.
Durante años hemos tendido a asociar la juventud con la energía y la madurez con una cierta inercia, como si el tiempo empujara hacia la repetición. Sin embargo, Hockney y Gehry demuestran lo contrario. Los años pueden aportar algo igual de valioso: conocimiento, perspectiva y la libertad de quien ya no tiene nada que demostrar. Pocas obras lo expresan mejor que The Four Seasons y quizá por eso me sigue emocionando contemplarla.
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