
Escritor
'Six-Seven', sin pecado concebido
En el arranque de la gira papal de León XIV yo solo tenía una duda. No de fe, sino lingüística. ¿Qué le corearía la muchachada?
León XIV exige "una respuesta" al "drama migratorio" y rechaza en el Congreso el aborto y la eutanasia: "La vida debe ser reconocida desde su concepción"

El Papa León XIV, en el Congreso de los Diputados. / José Luis Roca
Cuando el Papa de Roma lanzó un 'Six-Seven' desde su Papamóvil, en el colegio público de mi hijo mayor esa expresión ya estaba prohibida desde hacía tiempo.
No culpo a la profe por censurar una fórmula que usa hasta San Pedro, porque genera en los adultos una sensación similar a la de rascar una pizarra con un cúter mientras suena Melendi.
La primera vez que mi hijo de ocho años la soltó en casa, intuí que estaba ante algo grande, así que lo sometí a un tercer grado. ¿Qué significa? “Nada”, me respondió. “Esa es la gracia”, añadió. Algo que no significa nada, pensé entonces, puede significar todo. En este caso, una celebración, un vacile, un alardeo, un “a mí no me mires”. Normalmente acompañado del mismo gesto que hizo el Sumo Pontífice en Madrid: balanceo alterno de las dos manos con las palmas hacia arriba. Es tal su predicamento, que si el lector no sabe qué es y lo busca en Google, la propia pantalla se tambaleará. Ya lo dijo el escritor distópico Arthur C. Clarke: “Cualquier tecnología lo suficientemente avanzada es inindistinguible de la magia”. O de la fe religiosa.
Lo que nació en un 'rap' de Skrilla y prendió como la yesca en internet para tomar colegios e institutos llega ahora a lo más alto de la pirámide de la iglesia. Llega algo tarde, como lo hacen algunas expresiones callejeras al diccionario de la RAE (recientemente aceptó gif, turismofobia o farlopa). Mi hijo: “La verdad es que se ha pasado un poco de moda. Ahora usamos otros 'brainrots': 'spagueti tualetti', capuchino asesino, tung tung tung sahur”... Es gracioso, porque este último viene del Islam indonesio, donde sahur es la comida que ingieren antes del amanecer durante el ayuno.
El Papa sabe muy bien que la sociedad actual está frita. No en vano estas expresiones huecas llevan por nombre 'brainrot' (cerebro podrido). Pero desde que Dylan tocó para un envejecidísimo Juan Pablo II la canción 'Forever Young' no habíamos visto una asimilación contracultural tan clara.
En el arranque de la gira papal de León XIV yo solo tenía una duda. No de fe, sino lingüística. ¿Qué le corearía la muchachada? Cuando Benedicto XVI nos visitó, los jóvenes quisieron ganarse su corazón con rimas machadianas como “Benedicto: equis, uve, palito” o “Soy drogadicto, mi droga es Benedicto”. En unos pocos años, el curso de la complicidad se ha invertido: el capo del catolicismo se ha acercado con una expresión absurda a la juventud y no al revés. Six-Seven: el equivalente (sin entusiasmo frenético y ritmo contagioso, sino con deje irónico sabelotodo) del siglo XXI de ese verso que encapsuló el espíritu del rock and roll: “awopbobaloobopalopbamboom” (fíjense: no está tan lejos 'Tutti Frutti' de 'Spagueti Tualetti'). El cronista del primer pop cincuentero, Nik Cohn, dijo que significaba todo porque no significaba nada: era un “código 'teen', un lenguaje cifrado que hacía del rock algo totalmente incompresible para los adultos”. También dijo que el frescor del pop de verdad acabó por culpa de la sofisticación del 'Sgt. Pepper’s' de los Beatles, publicado en... 1967 (en fin, Six-Seven).
Mi hijo estaba ayer algo escandalizado con el hecho de que el Papa soltara algo prohibido en su clase de primaria. Pero yo no tanto. Al fin y al cabo, no hay nada más escandaloso que el salto de fe ni lenguaje más misterioso que el de las escrituras. El ángel que se le apareció en sueños a José para decirle que la Virgen María había concebido sin pecado, que tranqui porque no le había puesto los cuernos, le soltó: “No temas tomar contigo a María como tu mujer poque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo”. Pero si el atormentado carpintero hubiera repreguntado cómo había sido eso posible, el ángel podría haber orientado las palmas hacia su jefe, en las alturas, para balancear sus manos susurrándole: “Six-Seven, José. Six-Seven”.
El Papa tiene gira por delante. En sus primeros días exhibió razonamientos (sobre los populismos, la inmigración o la IA) más sensatos y progresistas que la gran mayoría de sus más acérrimos seguidores. Pero luego tendría que aterrizar en otros temas. Así que no descartemos que, ante las preguntas más incómodas (eutanasia, aborto, abusos, socialización de los tesoros vaticanos) acabe contestando, con una sonrisa en la boca: “Six-seven”.
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