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Opinión | Visita histórica
Albert Soler

Albert Soler

Periodista

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El trabajo de Papa está mal pagado

Lo que ha de aguantar en esta vida parece más diseñado por el diablo que por Dios

Nogueras evita el castellano en Madrid y le agradece en inglés al Papa que hable en catalán en Barcelona

Miriam Nogueras saluda al papa y le pide, en inglés, que en su visita a Cataluña hable en catalán

Sara Fernández

Ser Papa es no ganar para sustos. Va uno dando la mano tan tranquilo -aunque vigilando la cartera- a los diputados del Congreso, cuando llega de repente una señora, te agarra la mano y no te la suelta hasta que te ha hecho saber que es catalana como Gaudí y no sé cuántas incoherencias más que no vienen al caso, dónde está la Guardia Suiza cuando se la necesita, que aquí cualquiera se ve con ánimo de contarle a uno su vida, haga el favor de dejarme en paz, señora.

Y aún tuvo suerte el Santo Padre de que la pobre Míriam Nogueras no sabe hacer dos cosas a la vez que, si no, se habría puesto también a silbarle, tal como ha ordenado a sus feligreses desde Waterloo el Vivales, quien después de creerse Napoleón se cree ahora el Papa Luna y le discute al de Roma la legitimidad.

De entrada, el bueno de León XIV pensó que aquella dentadura equina debajo de unos ojos saltones, todo a su vez bajo una crin más que fláccida, marchita, amenazaba con pegarle un mordisco. Darle la brasa sobre Gaudí también es un buen susto, pero por lo menos no deja los dientes marcados, quien no se consuela es porque no quiere. El Papa -el de Roma, no el de Waterloo- espera que le interpelen sobre Trump, sobre la pederastia en la Iglesia, sobre el islamismo, sobre la existencia de Dios y hasta -eso solo en España- que le pregunten de qué equipo de fútbol es seguidor, para lo que no está preparado es para que una señora muy rara le dé la tabarra sobre que es catalana como un tal Gaudí, como si al obispo de Roma le importara un carajo de dónde es esa inquietante mujer que le agarra la mano, que venga de una vez la Guardia Suiza con sus alabardas y todo, por Dios.

Ya días atrás, en el vuelo hacia España, un tipo que también se decía catalán le dio el coñazo a León XIV sobre los 'castellers' y su historia, realmente el oficio de papa está mal pagado, lo que ha de aguantar en esta vida parece más diseñado por el diablo que por Dios. A buena hora habría aceptado el puesto de trabajo, de haber sabido de la existencia de esos pesados de catalanes, antes se hubiera hecho Testigo de Jehová, mejor aguantar una y otra vez que le cierren la puerta en las narices que tener que vérselas con catalanes. A ver si Dios le echa una mano y hace que el papavión, o como se llame el papamóvil que vuela, se desvíe hacia cualquier otro lugar, en este mundo o en el otro, tanto da. Oremos por ello.

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