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Los mensajes del Papa

Tanto por la trascendencia de los actos como por la repercusión mediática es de desear que en la Sagrada Família resuene también el mensaje a favor de la convivencia

León XIV exige "una respuesta" al "drama migratorio" y rechaza en el Congreso el aborto y la eutanasia: "La vida debe ser reconocida desde su concepción"

El Papa León XIV en el acto con la comunidad diocesana en el Estadio Santiago Bernabéu.

El Papa León XIV en el acto con la comunidad diocesana en el Estadio Santiago Bernabéu. / José Luis Roca

La visita a España del papa León XIV ha destacado hasta ahora, en su etapa madrileña, por su gran capacidad de convocatoria y por los mensajes que el Pontífice ha emitido, no solo referidos estrictamente a la comunidad católica, sino con la finalidad que sean escuchados por el resto de la sociedad y por la clase política. Tanto en la vigilia de oración en la plaza Lima como en la misa dominical del Corpus y en el encuentro en el estadio Santiago Bernabéu, la presencia del Papa ha levantado una gran expectación, con centenares de miles de fieles, muchos de ellos jóvenes, reverdeciendo el modelo de encuentros masivos que no estaba claro que el agustino Robert Prevost fuese a perpetuar. Sus palabras, administradas en función del tono de cada acto, más popular o más institucional, pueden resumirse en unos conceptos nítidos que, de seguro, se repetirán en las jornadas que faltan. El Papa ha hablado de la “dignidad inviolable de la persona humana”, de la necesidad de poner fin a la “cultura del enfrentamiento” y de afrontar los retos actuales desde la perspectiva del multilateralismo, lejos de la polarización política. Ha hecho hincapié en la situación de los más vulnerables y se ha referido al drama de la migración, un aspecto, este, que será el foco de atención en la última etapa en Canarias. Asimismo, ha abogado por el diálogo como condición indispensable para la paz y por el respeto al otro. En su histórica comparecencia en las Cortes, también ha dejado clara la postura de la Iglesia, desde una perspectiva moral tradicional, en contra del aborto y de la eutanasia, de la misma manera que ha conminado a los obispos reunidos en la sede de la Conferencia Episcopal a luchar por “la verdad, la justicia y la reparación” en el delicado asunto de los abusos sexuales a menores. Mensajes con múltiples facetas que ninguna sensibilidad política puede intentar patrimonializar en su integridad sin tergiversar o mutilar. Sobre todo, cuando no parece que haya mucha disposición a aplicar las lecciones sobre la necesidad de tender puentes y evitar la polarización.

Con este bagaje, León XIV llega este martes a Catalunya para protagonizar el evento de carácter religioso y cultural más destacado de su viaje. La bendición de la cruz de la Torre de Jesús, en la Sagrada Família, es un homenaje a la figura de Antoni Gaudí y a su emblemática obra y, al mismo tiempo, un reconocimiento de la idiosincrasia especial del catolicismo catalán, simbolizado también en la visita a Montserrat. La polémica sobre el uso de la lengua catalana en la misa y en la liturgia de la bendición, después de los cambios anunciados recientemente, parece ahora fuera de lugar, y aún más el llamamiento a recibir al Papa con silbidos. Más allá de la legitimidad democrática de toda protesta, conviene retener justamente las palabras del Papa en contra de la crispación política. Y pensar en la imagen que produciría que la presencia del catalán en lugar de ser un mensaje al mundo en positivo se convierta en una imagen de hostilidad.

Es previsible que tanto la vigilia en el Estadi Olímpic como las visitas de carácter social a Brians1 y a la parroquia de Sant Agustí, en el Raval, se desarrollen con la misma expectación de las que hemos vivido hasta hoy. Tanto por la trascendencia de los actos como por la repercusión mediática es de desear que en la Sagrada Família resuene también el mensaje a favor de la convivencia.