
Periodista
Señales de alarma
El sectarismo es una enfermedad del espíritu

MADRID, 26/05/2026.- El cantante Joan Manuel Serrat a su llegada a la gala de entrega de la III edición de los Premios de la Academia de la Música de España, este martes en Madrid. EFE/Juanjo Martín
El lenguaje es rico en frases de doble significado. Aunque “Aviso a navegantes” sea una alerta sobre cambios o riesgos en rutas marítimas, lo más frecuente es traducirlo como una advertencia indirecta sobre algo, aunque no tenga nada que ver con la navegación. De la misma forma que “por el humo se sabe dónde está el fuego” es un fragmento de la zarzuela 'Doña Francisquita', cuyo argumento no gira alrededor de ningún incendio forestal, como los que ya despuntan antes del verano. Es un relato de amores, enredos y deseos cruzados en el Madrid castizo; pero ambos ejemplos sirven para entender la eficacia de una buena señal de alarma. Si nos mantenemos, por ejemplo, en el universo sentimental, una pareja en la que se instalan los conflictos rutinarios, la indiferencia y la falta de proyectos en común, tendrá que admitir que su relación ya circula con la reserva encendida. Si nos preocupa, precisamente, la seguridad al volante, el día en que empezamos a bostezar de manera repetitiva, nos pesan los párpados y nos cuesta enfocar la vista, lo recomendable es dejar la carretera, parar el coche y no jugarse tontamente la vida. Qué decir de la salud, porque ahí se nos agota el catálogo de luces rojas; un dolor fuerte o una opresión inesperada en el pecho suelen ser avisos de infarto; igual que si se nos duerme la cara, la pierna, o balbuceamos inesperadamente al componer una frase, podemos estar sufriendo un ictus. Prevenir es curar en cualquier ámbito de la vida, no solo en el sanitario. La detección precoz de un compañero tóxico en el trabajo o entre los colegas con los que juegas al fútbol puede ahorrarnos muchos sinsabores, mucho gasto de energía en compensar el mal rollo que esparcen a su paso. Y así llegamos a la madre de todas las señales de alarma: si un ayuntamiento de Madrid, Aljete, le retira el nombre de Serrat a un edificio municipal, alegando su “falta de arraigo”, ahí tenemos un fallo multiorgánico: político, cívico, moral...incluso mental. Porque el sectarismo es una enfermedad del espíritu. Alerta roja: vamos hacia el precipicio.
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