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Populismo y polarización en Colombia

La primera vuelta de las elecciones ya anticipa una mayor polarización y el fortalecimiento de liderazgos populistas en un contexto marcado por la desconfianza hacia las instituciones, el cuestionamiento de la legitimidad del adversario y de los resultados electorales y la reducción del espacio para las posiciones intermedias

Abelardo de la Espriella habla al final de la jornada electoral, en Barranquilla (Colombia).

Abelardo de la Espriella habla al final de la jornada electoral, en Barranquilla (Colombia). / Ernesto Guzmán Jr / EFE

La primera vuelta de las elecciones presidenciales colombianas deja un escenario más complejo y potencialmente más inestable de lo previsto. Contra la mayoría de los pronósticos, Abelardo de la Espriella, referente de la nueva derecha radical, se impuso con el 43,7% de los votos frente al 40,9% de Iván Cepeda. Con una candidatura centrada en la seguridad, la crítica a las élites políticas y un liderazgo personalista, aventajó en cerca de 600.000 sufragios al candidato de continuidad del proyecto político de Gustavo Petro y del primer gobierno de izquierdas de la historia de Colombia, consolidando una posición favorable de cara a la segunda vuelta, especialmente después de que los principales sectores de la derecha tradicional hayan anunciado su respaldo.

Pero la ventaja obtenida por De la Espriella no cerró la discusión sobre el resultado electoral. Cepeda se negó a reconocer el escrutinio provisional y reclamó aclaraciones sobre posibles irregularidades, con el respaldo de Petro. De la Espriella respondió denunciando un intento de desconocer la voluntad popular. La segunda vuelta arranca así con una parte de la izquierda cuestionando el recuento provisional y una parte de la derecha rechazando cualquier revisión.

La jornada debe interpretarse a la luz de la situación en la que llega Colombia a las urnas. El país arrastra una persistente crisis de seguridad, una creciente desconfianza hacia las instituciones y el desgaste del primer gobierno de izquierdas de su historia, que mantiene apoyos relevantes pero también carga con expectativas de cambio solo parcialmente satisfechas. Un marco en el que la polarización ha reducido el espacio para las posiciones moderadas y acelerado el declive del centro político. El resultado de Sergio Fajardo y Claudia López refleja hasta qué punto la lógica del voto útil ha favorecido a las candidaturas percibidas como más capaces de derrotar al adversario, transformando una competencia entre varias opciones en una confrontación entre dos bloques.

El ascenso de De la Espriella responde, además, a una tendencia ya presente en América Latina. Como Javier Milei en Argentina o Nayib Bukele en El Salvador, ha capitalizado el descontento con las élites tradicionales mediante una combinación de discurso antisistema, fuerte personalización del liderazgo, promesas de mano dura frente a la inseguridad y una intensa utilización de las redes sociales. La particularidad colombiana es que este fenómeno emerge en un país marcado por la violencia política y elevados niveles de polarización, factores que ayudan a explicar tanto su atractivo electoral como los riesgos que plantea la democracia.

La segunda vuelta decidirá quién gobernará Colombia, pero la primera ya anticipa una mayor polarización y el fortalecimiento de liderazgos populistas en un contexto marcado por la desconfianza hacia las instituciones, el cuestionamiento de la legitimidad del adversario y de los resultados electorales y la reducción del espacio para las posiciones intermedias. Con independencia de quién resulte vencedor el 21 de junio, la próxima etapa estará marcada por las dificultades para reconstruir espacios de acuerdo en un país donde la violencia y la fragilidad de los consensos institucionales continúan condicionando la vida política.