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Opinión | Ejes verdes
Ernest Alós

Ernest Alós

Coordinador de Opinión y Participación.

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Alcaldadas y frenos

Enric Granados con Consell de Cent, la más verde de las plazas de los ejes verdes.

Enric Granados con Consell de Cent, la más verde de las plazas de los ejes verdes. / JORDI COTRINA

Al principio fue la superilla. La de Poblenou, la que empezó con el sistema de prueba y error, entre 2016 y 2017. Fue la única en la que realmente se intentó aplicar el concepto de superilla original de Salvador Rueda: bloques de 3x3 manzanas, en las que solo las calles exteriores de estos bloques mantenían el tráfico rodado, creando una malla disponible para el coche disuasivamente menos densa de punta a punta del Eixample, y las interiores pasaban a ser peatonales y ajardinadas. En su salto al centro fueron reformuladas como quien gira un calcetín: se pasó a los ejes verdes, una malla espaciada de calles jardín que contendría bloques de Eixample asfaltado. Esa no fue la única diferencia. La superilla de Poblenou apenas tocó algún interés económico puntual (talleres de coches) y la del Eixample topó con otros de más peso, aunque ha acabado haciendo felices tanto a paseantes como a propietarios con finca situada en primera línea de eje verde. Hubo otra: en Poblenou el ayuntamiento se tomó el tiempo de recalificar cada metro cuadrado de calle como zona verde o de mantenerlo como viario, modificando el Plan General Metropolitano (PGM) parterre por parterre. En Consell de Cent, el eje verde que chocó con una juez, no. Se tramitó como quien ensancha una acera. La prioridad era poder lucirlo antes de las municipales de 2023 y se tiró por el camino de en medio.

Para entender el varapalo judicial se ha de volver a 1976, cuando se aprueba el PGM. Un mecanismo para poner orden tras el caos del desarrollismo. Técnicamente, no se limitaba solo a zonificar los usos de las parcelas de suelo sino que creaba sistemas al estilo del circulatorio o el nervioso: el viario, el de espacios verdes... El viario con vías básicas, vías secundarias que deben estar conectadas con las básicas y... vías de prioridad peatonal como el pionero Portal de l’Àngel. Y establecía un rígido sistema para cualquier modificación interesada de usos y sistemas, las que su creador, Joan Antoni Solans, denominaba «alcaldadas». Ejemplo de alcaldada, la del alcalde franquista de L’Hospitalet José Matías de España Muntadas. Plantificó un bloque de 55 viviendas justo donde tenia que pasar la futura Ronda de Dalt porque se negaba a que el cinturón «de Barcelona» entrara en su territorio. Fueron dinamitadas.

Por seguridad jurídica Colau pudo haberse tomado el tiempo de convertir los ejes verdes en las vías peatonales ya previstas en el PGM (o admitir que el plan en conjunto debía reformular todo su sistema viario) pero tropezó torpemente con el sistema antialcaldadas pensado para frenar la barra libre de los 60 y 70 y utilizado con CiU en los 80 y 90 para mantener en libertad condicional a los alcaldes metropolitanos. El AMB ahora no quiere caer en el mismo error y modifica el plan, en lugar de intentar sortearlo, para adaptarlo a un modelo de movilidad que nada tiene que ver con el reinado del coche de 1976. Pero también estaría bien que la inacabable tramitación del plan director que ha de sustituir el obsoleto PGM y permitir no solo la transformación verde sino también la construcción de decenas de miles de viviendas, revise cómo va de frenos.