Opinión | Sanidad pública

Periodista
Para eso pagamos impuestos
El Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, el más antiguo del Estado, conmemora 625 años de historia y medio siglo del primer trasplante de médula ósea realizado en Catalunya

Fachada del recinto modernista del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, en Barcelona. / David Zorrakino - Europa Press
La sanidad catalana está de celebración. El Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, el más antiguo del Estado, celebra su 625 aniversario. Hace unos días, en el marco de la efeméride, se conmemoró medio siglo del primer trasplante de médula ósea que efectivamente se hizo en este hospital que forma parte de la élite de los mejores hospitales de la sanidad catalana.
Antes sólo se había hecho en Estados Unidos. Lo que demuestra el carácter pionero del hito que se materializó en 1976 en una Catalunya que justo sólo unos meses atrás se había librado de un Dictador llamado Francisco Franco.
Catalunya, con la República, materializó un cambio espectacular en el ámbito sanitario. En los gobiernos de Macià y Companys hubo consejeros de Sanidad como el Dr Corachán. ¿Les suena?. O contó con gentes como el Dr. Broggi, el Doctor Trueta o los hermanos Trias i Pujol. También a consejeros de Sanidad como Carrasco i Formiguera, fusilado por Franco. O el Dr Josep Dencàs, que se significó por iniciar la construcción de una sanidad pública que superara la vieja beneficencia, no sin pocas resistencias.
Un hospital como el Sant Pau supone un coste anual de cerca de 600 millones en el marco de una red sanitaria universal que nos iguala a todos. En eso, efectivamente, se le va el dinero a la Generalitat. Lo cuál significa que, a diferencia de Estados Unidos, si mañana usted requiere un trasplante de médula ósea, la Sanidad catalana te lo da y no te pide si tu cuenta corriente es jugosa. En Estados Unidos ni pagando un seguro carísimo -seguro que ni tiene todo el mundo ni todos se pueden pagar- no está claro que se transplante se llega a hacer. Siempre suele haber un tope de cobertura. O hay dinero de por medio -mucho dinero porqué los tratamientos contra el cáncer son terriblemente caros- o te vas a morir conviviendo con una terrible agonía. O tal vez enganchado al fentanilo para resistir el dolor y una enfermedad que te devora.
Para eso, precisamente para eso, se pagan impuestos. Para que un día, Dios no lo quiera, si a usted le diagnostican un cáncer, sepa que va a tener derecho a recibir el mismo trato que ese vecino que aparca un Porsche cerca de su casa. Esa es una notable diferencia entre Catalunya y los Estados Unidos de Trump al que, por cierto, en España dan medallas.
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