
Profesora de la UOC y periodista.
¿No se puede opinar sobre cuerpos ajenos?
Una cosa es humillar a una mujer por su físico. Otra muy distinta es preguntarnos por qué seguimos rodeadas de cuerpos femeninos imposibles

TOPSHOT - Member of the jury US actress and producer Demi Moore poses during a photocall of the members of the jury at the 79th edition of the Cannes Film Festival in Cannes, southern France on May 12, 2026. (Photo by Valery HACHE / AFP) / VALERY HACHE / AFP
Abro debate. ¿“No opinar de cuerpos ajenos” puede ser también una frase para callarnos y no cuestionar el canon? En estos días, donde hemos señalado la extrema delgadez en pasarelas y alfombras rojas de cine, ha aparecido siempre el comentario de que no se opina de cuerpos ajenos. Dando un sentido diferente al original, que es el del ataque gratuito, el daño y la deshumanización.
Por supuesto que cuando vemos cuerpos muy delgados pensamos si quizás puede haber una celiaquía, un Crohn o cualquier enfermedad. No conocemos las causas que han llevado a esa situación. Pero hay una gran diferencia. Una cosa es humillar a una mujer por su físico. Otra muy distinta es preguntarnos por qué seguimos rodeadas de cuerpos femeninos imposibles. Cuerpos convertidos en símbolo de éxito, deseo y prestigio social.
¿Por qué aquí y ahora sí tenemos que hablar de cuerpos ajenos? Porque los convierten en imagen. Los convierten en una aspiración ideal. ¿Y cuál es el problema si guardamos silencio? Que nos educan la mirada bajo ese canon. Y esto también presiona y también deja heridas en nuestra salud. ¿Cómo explicar y concienciar sobre la anorexia si no podemos opinar del sistema que vende un prototipo esquelético en esos cuerpos ajenos?
Inquieta un poco cuando esa frase acaba funcionando como un silencio moral. Un aviso que impide cuestionar. Un mensaje para silenciar el negocio multimillonario que lleva décadas enseñando a las mujeres que su valor depende de cómo se ven. Hay que cuestionar el canon. Como se cuestionó la talla cero en los noventa y la 'heroin chic'. Como se cuestionó la extrema delgadez de las pasarelas y se pidió medir en desfiles el Índice de Masa Corporal. Hubo generaciones enteras que crecieron odiando su cuerpo. Hubo adolescentes que murieron enfermas. Señalar eso no fue ni es atacar a las mujeres. Es señalar cómo funciona la presión estética sobre nosotras.
Los cuerpos que aparecen en medios y redes no son neutrales. Son mensajes sociales. Se viralizan. Y así, las niñas aprenden qué cuerpos reciben aplausos, portadas y validación. Aprenden qué significa “tener éxito” siendo mujer. Y eso tiene consecuencias. Hablamos de una industria que lleva décadas fabricando referentes corporales imposibles. Y enfrente tenemos a una ciencia que acumula estudios sobre el impacto que esos modelos tienen en la autoestima, la ansiedad y los trastornos alimentarios de millones de niñas y mujeres.
Obvio que estos mensajes pueden afectar a los dos sexos, pero sabemos que ocurre principalmente entre las mujeres. Porque se les vende inseguridad de forma constante. Díganme, por ejemplo, cuántos debates sobre el canon corporal de los actores que pasaron por el Festival de Cannes hemos tenido. Cero. Daba igual cómo vistieran o el peso que tuvieran. Con canas, con arrugas o barriga. Porque el modelo que se vendió de ellos fue el de la diversidad. Así que no. Cuestionar el canon no es violencia. Porque justo es la única manera de señalar la violencia que llevamos décadas normalizando.
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