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Opinión | Bad Bunny
Imma Sust

Imma Sust

Periodista

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Revolución patrocinada

Bad Bunny, en La Casita de sus conciertos.

Bad Bunny, en La Casita de sus conciertos. / INSTAGRAM

Cada vez me creo menos a las personas que cantan. Ya no me sale llamarlos artistas. Y no porque los cantantes de antes fueran mejores personas. Muchas estrellas del rock eran profundamente machistas, egocéntricas y ridículas. Pero daba la sensación de que les importaba más su obra que su marca personal. Hace unos meses vi la actuación de Bad Bunny en la Super Bowl y al ver tanto hate en redes pensé: "Igual estoy siendo injusta con este señor". Y me puse a traducir sus letras para intentar entenderlo y conectar con el artista. Mi sorpresa fue encontrar canciones con crítica social, mensajes contra el capitalismo y discursos sobre desigualdad y referencias políticas que me parecieron interesantes. Y pensé: "Bueno, igual realmente es un artista", aunque yo no conecte con la forma que tiene de presentar su obra.

Ese pensamiento me duró poco. Porque llegó el concierto en Barcelona y aluciné con la contradicción. El escenario estaba dividido literalmente en clases sociales. Arriba, una especie de casita VIP llena de famosos, enchufados y privilegiadosviendo el concierto desde su pequeño paraíso exclusivo y abajo, la plebe mirando hacia arriba, fascinada, soñando quizá con formar parte algún día de ese pequeño Olimpo con pulserita y catering. Y pensé: Benito, ¿cómo puedes vender un discurso antisistema mientras reproduces exactamente el sistema que denuncias? Y ahí entendí lo que me pasa con muchos artistas actuales: no es una cuestión de edad ni de nostalgia. Es una cuestión de coherencia y autenticidad. No me cuela la revolución patrocinada. Quizá por eso sigo volviendo a Springsteen. Porque podrá gustarte más o menos, pero cuando habla de política, de obreros o de desigualdad, te lo crees. La prueba es que tiene que llevar seguridad porque su gira anti Trump empieza a ponerse peligrosa. Pero allí sigue sin callar a sus 76 años. Y quizá ahí está la diferencia entre un artista y una marca. Me gustan los artistas que parece que tengan algo que perder y no algo que vender.

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