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Opinión | Décima avenida
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Manual de resistencia: de la épica a la inercia

El problema del sanchismo no es únicamente judicial, parlamentario o electoral, sino político: además del miedo a Vox, ¿cuál es su alternativa real para evitar el advenimiento del bloque de la derecha?

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia este miércoles desde el Vaticano tras su audiciencia con el Papa León XIV.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia este miércoles desde el Vaticano tras su audiciencia con el Papa León XIV. / Fabio Frustaci / ZUMA PRESS

Como dijo de forma pedagógica el jueves Eduardo Madina en la tertulia de la SER, para entender de forma cabal lo que está sucediendo alrededor del PSOE basta con imaginar lo que se diría desde la ciudadanía de izquierdas si lo mismo estuviese sucediendo en el PP. Es decir, si los dos últimos secretarios de organización hubieran pasado por prisión preventiva, si un expresidente (José María Aznar) fuera investigado por presuntos delitos de organización criminal, falsedad documental y tráfico de influencias, si la esposa y el hermano del presidente estuvieran en procesos judiciales, si el jefe del Ejecutivo no hubiese presentado Presupuestos en toda la legislatura, si el Gobierno no tuviera mayoría parlamentaria, si el PNV (el gran termómetro de la seriedad de la política española) hubiese bajado el dedo pulgar. Añádase a todo ello cuatro elecciones autonómicas perdidas de carrerilla.

No se trata de construir una clasificación de corrupción. El PP suma el mayor número de grandes macrocausas desde los años noventa (Gürtel, Bárcenas, Púnica, Palma Arena…) y una sentencia, la de la Gürtel, describe un "sistema de corrupción institucional" y dio por acreditada la existencia de una caja B durante años. La comparación sirve para evidenciar la situación límite del Gobierno de coalición de izquierdas.

Cada bloque ideológico tiene su imaginario, sus mitos y leyendas, su reflejo imaginado en el espejo. En la derecha, el mito es el de la eficacia en la gestión, la prosperidad económica, el PP resolviendo los desaguisados económicos del PSOE, a quien consideran manirroto, irresponsable y corrupto. En la izquierda, ven a la derecha como cutre, egoísta, ajena al bien común y corrupta, y se consideran fieles a sus (grandes) principios, la voz de la calle y representantes de una mayoría silenciosa, del patriotismo bien entendido. Como todo relato mitológico, poco o nada tienen que ver con la realidad estas construcciones de la realidad: son relatos cohesionadores y diferenciadores, la argamasa del ‘nosotros’ y del ‘ellos’. La realidad, una amplia gama de grises, está repleta de ejemplos que desmienten y corroboran estos relatos.

La situación del Gobierno de Pedro Sánchez rompe el relato imaginario común de la ciudadanía de izquierdas

La situación del Gobierno de Pedro Sánchez rompe el relato imaginario común de la ciudadanía de izquierdas. El argumento del ‘lawfare’ no puede llevarse hasta las últimas consecuencias como hace el independentismo catalán si, como es el caso del PSOE, se es un partido de Estado. El argumento de que José Luis Ábalos, Santos Cerdán y Koldo García son ovejas negras que obraban a título individual igual se sostiene judicialmente, pero políticamente cada vez es más insostenible. La justificación de que la obra de Gobierno, sobre todo en el campo social, debe ser defendida es papel mojado cuando el Ejecutivo no tiene margen en el Congreso. Solo queda el miedo a la alternativa y la mística que rodea a Sánchez y su manual de resistencia.

Es injusto para la ciudadanía de izquierdas la tesitura en la que se encuentra. El desmoronamiento del PSOE, del Gobierno de coalición y de su agenda convierten al bloque de izquierdas en un frente negativo: existe tan solo para que no gobierne la derecha. A medida que va perdiendo prendas de ropa en cada envite judicial, Sánchez tan solo tiene para ofrecer el hecho de que no es Alberto Núñez Feijóo y de que entre su larga lista de socios no se encuentra Santiago Abascal. Dicho de otra forma: Ábalos, Santos Cerdán, Koldo, Leire, Julito, la incapacidad de aprobar los Presupuestos y el desmoronamiento del bloque de izquierdas en cada elección autonómica es el precio a pagar para demorar unos meses, hasta el final de la legislatura, la llegada de Feijóo a la Moncloa con Abascal en la vicepresidencia.

Quienes creen en la mística del relato de Sánchez creen que su acreditada capacidad de resistencia guarda un as en la manga de cara a las elecciones generales que tarde o temprano sucederán. Igual sí, igual no. Lo que ya no es discutible es que si nada cambia hasta entonces el bloque de izquierdas no tendrá nada constructivo que ofrecer a la ciudadanía salvo que no es el bloque de derechas. Magro discurso, y con escasas posibilidades de éxito, cuando país tras país y elección tras elección queda de manifiesto que la extrema derecha no da el miedo que Sánchez y sus socios quisieran que generara. Miedo, lo que se dice miedo, da en lo que se está quedando el PSOE no ya para ganar a la derecha, sino para construir al menos una oposición firme si acaba sucediendo lo que cada vez parece más inevitable.

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