
Periodista
Las ganas de añorar a Sánchez
Con un PSOE bajo vigilancia de la Policía y la Guardia Civil, la alternativa del duunvirato Feijóo/Abascal no es tranquilizadora, aparte de la cobardía del líder del PP al no presentar una moción de censura
El juez sitúa en la carta a la ciudadanía de Sánchez el inicio de la trama del PSOE para "desestabilizar" las causas judiciales contra el Gobierno
Sánchez promete actuar con contundencia “si hay comportamientos irregulares nuevos” en el PSOE y descarta elecciones

Sara Fernández
El sobresalto continuo de la España de Sánchez no se cifra hoy en la nueva entrada de la Guardia Civil en la sede del PSOE, en la imputación de la gerente del partido o en el reguero de revelaciones sobre Zapatero. El problema surge cuando García-Page suena más articulado y convincente que el presidente del Gobierno. Recién convertido al catolicismo tras encontrar «inspiración» en el Papa, el inquilino de La Moncloa se aferra a una supervivencia contra viento y marea que da «estabilidad», lo cual supondría un elogio del muy duradero franquismo. La muy desafortunada comparación se agrava al destacar que tras unas elecciones sobreviene un tormentoso proceso de investidura, en una descalificación de las urnas. Frente a esta oratoria desbaratada, el presidente castellanomanchego acierta al señalar que el mal de muchos ya no sirve de consuelo de pocos socialistas.
A Sánchez casi se le desliza una rebaja en su defensa acérrima de Zapatero, porque el «todo mi apoyo» de una semana atrás se rebajó accidentalmente a «no hay motivo suficiente». En la dilución del entusiasmo influyen los celos, ante la posibilidad de que su predecesor le robe protagonismo. El presidente del Gobierno ni siquiera repara en la incompatibilidad de la situación actual del PSOE con el «multilateralismo y la gobernanza internacional con responsabilidad ética». En su lógica disparatada, el reguero de escándalos «no impugna lo que está haciendo el Gobierno de España». Así habló quien llegó a la Moncloa con el solo recurso de la corrupción del PP, que tampoco anularía los méritos de Rajoy.
El presidente del Gobierno ni siquiera se atreve ya con su mantra de que está frenando a la ultraderecha ajena, lo cual justificaría la corrupción propia. Con un PSOE bajo vigilancia de la Policía y la Guardia Civil, la alternativa del duunvirato Feijóo/Abascal no es tranquilizadora, aparte de la cobardía del líder del PP al no presentar una moción de censura. El recambio puede acelerar en el futuro la nostalgia de la incomprensible situación actual, pero cada vez hay más progresistas con ganas de añorar a Sánchez.
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