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Opinión | Gárgolas
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Cantar 'La Balanguera'

Este himno no habla de éxitos militares ni exalta el espíritu combativo. Habla de la vida y de la muerte

Maria del Mar Bonet durante el concierto 'L'aigua no cansa' en el Palau de la Música

Maria del Mar Bonet durante el concierto 'L'aigua no cansa' en el Palau de la Música / ACN / Gemma Sánchez Bonel

No hay muchos himnos que me emocionen. De hecho, dos; tres, a lo sumo. 'La Marseillaise', y el 'Inno di Mameli', y para de contar. Por cuestiones básicamente sentimentales y por afinidades electivas, más allá de la letra, bélica como es costumbre en casi todo el mundo. También me gustan, por ejemplo, esos himnos sudamericanos que parecen extraídos de los compases de apertura de una ópera bufa o de una película de los Hermanos Marx, y que acaban, como el argentino, con un grito desaforado que los patriotas entonan (desafinan, casi siempre) como si realmente estuvieran a punto de entrar en batalla. "O juremos con gloria morir", reza el himno de Argentina dos o tres veces.

No hay ningún otro himno que me haga llorar como 'La Balanguera', el oficial de la isla de Mallorca desde hace 30 años. Nació como un poema de Joan Alcover, escrito a principios del siglo XX, a partir de una fábula popular: la figura de una mujer que hila. Años más tarde, en 1925, Carner reclamó que ese poema se convirtiera en canción, porque “hi sentim el batec diví de l'ideal perdurable". Hace cien años, un 29 de mayo, en el Palau de la Música Catalana, se estrenó la pieza compuesta por Amadeu Vives.

La Balanguera no habla de éxitos militares ni exalta el espíritu combativo. Habla de la vida y de la muerte. Ella “buida sa filosa” y va extrayendo el hilo de nuestra existencia. Como una Parca “que cavil·la”, tiene presente “la infantesa que s'enfila" y “la vellura que s'en va" La oí hace años, cantada por Maria del Mar Bonet, en la Ciutadella, y ahora la escucho en una versión agrietada, de 1927, del gran Emili Vendrell. Carne de gallina.

Mañana es 29 de mayo y la Obra Cultural Balear ha organizado, a las 8 de la tarde, una cantada masiva y simultánea en más de 50 pueblos mallorquines. Un acto emotivo de homenaje a Joan Alcover en el centenario de su muerte. Y un acto reivindicativo de la cultura, de la identidad, del deseo de seguir siendo fieles a una lengua, a una tradición, a una forma de ser. La cantaré también en la distancia, solo, y volveré a llorar.

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