
Escritor
ZP y el gesto de la ceja como 'gang sign'
Sin ponerme melodramático, espero (aunque las evidencias no dejen hasta el momento muchos 'Motivos para creer') que el signo no pase a la historia como un gesto delincuencial
Las sospechas contra Zapatero surgieron en 2024 al aparecer en un chat de empresarios imputados como "Z" o el "Zorro"

Foto: José Luis Roca /video:Europa Press
El índice dibuja una V invertida sobre la ceja derecha. Aquel gesto, a medio camino entre el lenguaje de signos y la celebración de un gol en el fútbol moderno, sirvió para personalizar en Zapatero toda la fuerza moral (avalada por la cultura progresista) de la izquierda.
Hoy, con la investigación por corrupción a toda vela, es tan triste como tentador verlo como un 'gang sign', el típico gesto con las manos que las bandas de delincuentes juveniles hacen para marcar territorio y probar lealtad. Ese dedo, por cierto, tiene una postura equivalente en el yoga: el nombre técnico es Adho Mukha Svanasana, pero se suele traducir como Perro Bocabajo.
Aquello sucedió en las elecciones de 2008 y automáticamente, como pasa en la calle, polarizó aún más los dos bandos rivales. Es cierto que había motivos para subrayar con el dedo la ceja alzada, tras una primera legislatura marcada por la retirada de las tropas de Irak o la ley del matrimonio homosexual, entre otras cosas. Miren si el votante socialista estaba contento de conocerse, y seguro de la probidad intachable de su líder, que la plataforma intelectual se bautizó muy trompeteramente como PAZ (Plataforma de Apoyo a Zapatero). Y los eslóganes iban de la personalización absoluta ('Con Z de Zapatero') a la experiencia religiosa ('Motivos para creer').
Es cierto que la sombra sobre Zapatero nos ha cogido con el pie cambiado. Aquella Z que remitía al ánimo justiciero del Zorro nos podría llevar ahora a Zurg, el villano de 'Toy Story'. Y, de hecho, nosotros sí querríamos ahora motivos para creer (en su inocencia).
Pero lo que me persigue es ese signo con las manos, visto desde la semiótica de las bandas callejeras. Tomemos a las más potentes de los años setenta en Los Angeles, los Crips y los Bloods. Los primeros ahuecan la mano para dibujar la C y su color (digamos corporativo) en ropa y pintadas es el azul. Los segundos, se las ingenian para hacer una B con los dedos y emplean el color rojo.
En un clima fétido de corrupción generalizada, es inevitable pensar en el PSOE y el PP, rojo y azul. Es obvio que el signo de los socialistas sería el gesto de la ceja. ¿Y el de los populares? Ellos siempre han sido más directos: la peineta, la de Bárcenas. Así, en el Congreso, cejas contra peinetas, paseando con corbatas del color de su partido para marcar territorio en despachos y pasillos. Para, en fin, parecer lo mismo aunque en el fondo no lo sean.
Sospechamos, los de color rojo, o los que veíamos en Zapatero a un tipo por lo menos decente, que quizá una de las bandas ha amañado el juego. Sobreanalizamos que la postura de la ceja lleve el nombre de Perro Bocabajo (venga, lo traduzco: acabar con Pedro Sánchez). Y no son de fiar, lo han demostrado en otros procesos, pero en este caso los indicios nos desaniman.
Para que descubran dinero guardado en una bolsa de golf no solo hay que tener dinero, sino que hay que jugar al golf. Para que hallen un montón de joyas en una caja fuerte hay que tener una caja fuerte llena de joyas (y decir que son “regalos de viajes”, viajes de los que yo suelo volver con un imán de nevera o, si me pongo delincuente, unas pantuflas blancas al hotel). Pero lo que me pone en alerta son las agendas manuscritas de un empresario alicantino, con instrucciones para salvar Venezuela y el mundo.
Nada miente menos que un cuaderno personal. Leonard Woolf, el marido de Virginia Woolf, llevaba un escrupuloso diario donde apuntaba con caligrafía perfecta y limpieza de página el menú y los km realizados en coche. El 28 de marzo de 1941, la escritora decidió llenarse de piedras los bolsillos y ahogarse en el río. Horas después, Leonard, aparentemente imperturbable, apuntó como siempre los kilómetros. Pero en la página quedó un borrón amarillo, el único de toda la libreta. “Podría ser té, café... o lágrimas”, dice su biógrafa.
Los objetos hablan incluso en silencio. Y, sin ponerme melodramático, espero (aunque las evidencias no dejen hasta el momento muchos 'Motivos para creer') que el signo de la ceja no pase a la historia como un gesto delincuencial. “Nunca te fíes de alguien que trabaja de ser bueno”, dice Eliseo en la serie 'El encargado'. Pero nos dolería mucho, a estas alturas del juego y de la vida, volvernos tan cínicos como él.
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