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Opinión | Europa: el talón de Aquiles
Joan Tapia

Joan Tapia

Periodista. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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Dictamen de Castells

Para el exconseller es poco comprensible que el presupuesto federal americano llegue al 20% del PIB y el comunitario europeo se quede en poco más del 1%. Así no se puede hablar de igual a igual

Archivo - Las banderas de la Unión Europea ondean frente al edificio Berlaymont en Bruselas, sede de la Comisión Europea.

Archivo - Las banderas de la Unión Europea ondean frente al edificio Berlaymont en Bruselas, sede de la Comisión Europea. / Alicia Windzio/dpa - Archivo

Todos están de acuerdo. Europa está ante “su momento de la verdad”. Ante Trump necesita tener una voz coherente y decidida. Pero, -cumbre tras cumbre- se repiten los comunicados encomiables, algunos pequeños pasos y…la eterna “pequeña diferencia” francoalemana -las dos grandes economías- y los otros 25 estados.

He insistido en que es así -y además difícil de corregir- porque Europa no es un Estado y los dirigentes de los 27 países ni saben bien, ni quieren de verdad, e incluso pueden no poder, dar pasos sustantivos hacia ello. La UE está algo atrapada en su punto de partida, ser un mercado común con voluntad de cooperación entre estados que, platónicamente (Jean Monnet), aspiraba a construir los Estados Unidos de Europa, lo que ninguno de sus actuales dirigentes -casi todos europeístas- se atreve a repetir.

Antoni Castells, catedrático de Hacienda Pública, miembro del Tribunal de Cuentas Europeo de Luxemburgo del 94 al 2001 y Conseller de Economia de 2003 a 2010, con Pasqual Maragall y José Montilla, sintetizó el pasado jueves la principal razón. En la Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras, dio la clave: la falta de unión fiscal. La actual UE -más que la del Tratado de Roma de 1958 -tiene relevancia y un gran peso económico, pero es un enano político al lado de América o China.

Estados Unidos, un país federal, tiene un presupuesto -solo el federal- del 20% del PIB. Frente a ello, el de la UE es de poco más del 1%. Y no piensa aumentarlo. Un 1% de la UE y entre el 40 y el 50% de los estados nacionales. ¿Cómo plantar cara a América cuando los fondos -el presupuesto- van de 1 a 20?

La unión monetaria -el supranacional y positivo BCE- se logró porque la inestabilidad de las divisas ponía en jaque la unión comercial. Y porque Kohl y Mitterrand debían lograr (o permitir) la reunificación alemana cuando cayó la URSS. Entonces el europeísmo de Delors logró el euro. Alemania se reunificaría, pero el marco fuerte desaparecería. Y la unión monetaria obligó a “disciplinar” -no siempre para bien- los presupuestos nacionales, castigando los déficits excesivos. Pero de presupuestos comunitarios, de impuestos europeos y de un Tesoro europeo -como Estados Unidos o Canadá- nada de nada.

Solo cuando la pandemia Merkel y Macron -con la insistencia de Sánchez- permitieron, por primera vez, una fuerte emisión de deuda comunitaria para afrontar el terrible parón económico, en especial de Italia y España. Pero Alemania y otros países insistieron en que esa emisión de eurobonos se hacía “por una sola vez”.

Y ahora, pese a Trump y a las grandes incertidumbres, no se moverá. Seguirá sin presupuestos (sólo el 1%), sin impuestos propios, sin emitir deuda comunitaria y sin saber cómo aumentar su gasto militar.

Kissinger dijo que Europa no tenía teléfono. En una crisis, ¿a quién llamar? Tenía toda la razón. Lo peor es que muchos años después sigue sin teléfono y sin presupuestos.

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