
Periodista
Piensa bien y dudarás
¿Priorizar la defensa de los derechos humanos y la condena del genocidio o hacer una excepción con los avances que pueden mejorar la vida de millones de personas? Invoco mi derecho a la duda

Noam Bettan, el representante de Israel en Eurovisión. / Jens Büttner/dpa/EP
Nunca me he fiado de las personas que no dudan. Aquellas que presumen de tenerlo todo tan claro, que cuestionar sus ideas equivale a una ofensa. No digamos ya sugerirles un cambio de opinión. Y, sin embargo, las contradicciones forman parte de la condición humana. Lo escribe El Chojín en un artículo, donde plantea, por ejemplo, lo difícil que resulta “sostener intelectualmente, al mismo tiempo, el orgullo de ser español y el rechazo a la cultura islámica. Vivimos en una sociedad en la que un grupo de personas ha decidido que se siente con la autoridad de decirle al resto quién es más español y quién lo es menos. Pero desislamizar España -añade- es desespañolizarla”. Porque ese término hace referencia a la religión, claro, pero también a la cultura: “Una de las características que hacen especial a este país es ser el único europeo con profundas influencias islámicas, resultado de más de setecientos años de presencia de esa cultura”. El diez por ciento de las palabras que utilizamos son arabismos (aceite, almohada, jarabe...), los nombres de ciudades (Madrid, Albacete, Alcalá...), ríos (Guadalquivir, Guadiana, Odiel...), personas (Azucena, Nuria, Fátima...) El Chojín termina con una reflexión: “Sin haber insultado a nadie me ha quedado un artículo de esos que acarrean toneladas de mensajes de odio en mis redes. Contradicciones...” Me acordé de ese artículo, y de todo lo que sugiere, cuando el otro día una autoridad mundial en el terreno de la neurociencia me planteó un dilema, a propósito de las campañas, fracasadas hasta el momento, para que Israel no participe en el Festival de Eurovisión. “Si consiguiéramos echarles de Eurovisión... ¿qué haríamos después con sus científicos?". Mi interlocutor había participado días atrás en un seminario internacional en el que, según él, los israelís volvieron a demostrar que son, en ciencia, lo mejor de lo mejor. Y de ahí surgió el dilema: ¿priorizar la defensa de los derechos humanos y la condena del genocidio o hacer una excepción con los avances que pueden mejorar la vida de millones de personas? Invoco mi derecho a la duda.
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