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Opinión | Desperfectos
Valentí Puig

Valentí Puig

Escritor y periodista.

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El último mitin de ZP

Lo que quede del PSOE después de Zapatero y Sánchez necesitará reconstructores titánicos, salvo que el partido socialista tenga decidido desaparecer, como en Francia o en Italia

José Luis Rodríguez Zapatero i Pedro Sánchez. | Ballesteros / Efe

José Luis Rodríguez Zapatero i Pedro Sánchez. | Ballesteros / Efe

La media vuelta de la izquierda general después de clamar contra el 'lawfare' por la imputación de Zapatero tiene algo de gran faena en la historia del toreo. Pasar de la reacción indignada a la perplejidad compungida ha sido un golpe de teatro, a la manera de esos actores con muchas tablas que salvan una escena mal escrita con solo enarcar las cejas. El mismo Zapatero domina el arte de la ceja: sabe iluminarse el rostro con una sonrisa de Peter Pan de vuelta de todo y luego se concentra y se le ve una mirada intensa y casi fáustica.

Estuvo incluso dicharachero en su último mitin de la campaña andaluza, poniendo a Pedro Sánchez por las nubes, con su repertorio de frases rotundas, pronunciadas con acentuación y ademanes de estadista centroamericano. Después del mitin, tuvimos el descalabro del PSOE andaluz y, después de la sonrisa zapaterista, la imputación en el caso Plus Ultra. A las pocas horas, acaso una noche de pesadilla, los líderes de las distintas facciones del progresismo hispánico salieron a la plaza mayor ya dejando de culpar a los jueces y rasgando las vestiduras de no se sabe quién, lógicamente ajenos a toda responsabilidad, porque la política usa del chivo expiatorio todos los días. El día anterior fue la judicatura; al siguiente, horrorizados, era como si hubiesen acabado de nacer, intactos y puros. Y el diputado Rufián incluso aprovechó para ofrecerse como candidato de las fuerzas del progreso indefinido, del cambio por el cambio: esa es la ejemplaridad de Zapatero.

A la espera de la declaración de Rodríguez Zapatero ante el juez el 2 de junio y con total presunción de inocencia, aunque las sospechas aumenten de modo incontenible, lo que sabemos de cierto es que, después de la Transición democrática que fusionó por lo alto los impulsos de reforma y ruptura, el zapaterismo quiso representar el retorno del rupturismo. De ahí la devoción que le tiene de la izquierda antisistema y a la vez anticonstitucional. Ahora con las cuentas bloqueadas, para el progresismo tiene el mérito de haber repudiado el atlantismo, postulando la Alianza de las Civilizaciones frente al orden mundial en el Occidente de la posguerra fría. Alentó un segundo Estatuto catalán que fue el atajo del independentismo. Convirtió el rigor histórico en el pimpampum de la “memoria histórica”. Sus devotos incluso le tienen por quien acabó con ETA y ven como una solidaridad ejemplar sus amistades fraternales con el chavismo, del mismo modo que entienden que hay que ser más prochino que proamericano. Lo que quede del PSOE después de Zapatero y Sánchez necesitará reconstructores titánicos, salvo que el partido socialista tenga decidido desaparecer, como en Francia o en Italia.

Por lo demás, del volumen indiciario del auto de imputación del juez Calama, Pedro Sánchez no sabía nada, como le pasaron desapercibidas las andanzas de Ábalos, Koldo y Santos Cerdán. Es un bulo que España sea un país de indiscretos aunque en el electorado subsistan gentes raras y susceptibles que se sienten usadas como empresa pantalla.

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