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Opinión | Tormenta judicial
Manuel Sánchez

Manuel Sánchez

Periodista y escritor

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La imputación de Zapatero hiere el corazón del PSOE

Sánchez volvió a decir en el Congreso que no convocará elecciones hasta 2027, aunque cada vez se ve más improbable que lo pueda cumplir

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, durante un mitin.

El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, durante un mitin. / Nacho Frade - Europa Press

“Me quedé en 'shock'”, “estoy profundamente consternado”, “esto es un golpe muy duro”, “creo, confío y defiendo la inocencia a Zapatero”, “me sentí fatal cuando lo supe, casi lloré”. Todas estas declaraciones corresponden a personas muy cercanas a Zapatero, miembros de su primer Gobierno y de otras que le han acompañado toda su trayectoria.

Este es el sentimiento no solo de todos los ex máximos dirigentes del PSOE en la etapa de Zapatero, sino la inmensa mayoría de la militancia y buena parte de la izquierda, para quien el expresidente era el último icono. Hasta ahora era la persona que representaba valores, integridad y valentía política.

Se podría decir que hay depresión colectiva. La imputación de Zapatero ha sido una bomba que hiere directamente el corazón del PSOE. El expresidente era un referente para los socialistas y un valor electoral para el partido muy valioso. Su imputación tira por tierra toda su imagen y, salvo el milagro de que salga sin imputar el próximo 2 de junio cuando comparecerá ante el juez, su figura política está muy tocada.

Esto ha removido las filas internas del partido que están desconcertadas. De momento, el PSOE ha cerrado filas con Zapatero, aunque cada día que pasa y, a medida que se conocen más datos, la defensa al expresidente ha bajado de intensidad. Su imputación supone una pérdida para los socialistas crucial no solo en el ámbito electoral, sino a nivel orgánico. Zapatero tiene mucha influencia en todas las federaciones socialistas y, en el caso de que Sánchez perdiera las próximas elecciones generales y dimitiera (lo más probable), sería la persona clave para aglutinar el partido y poner orden en el relevo.

Según fuentes cercanas a Zapatero, el expresidente está desolado, especialmente por el futuro judicial de sus hijas y el de su secretaria de toda la vida, Gertru, una mujer discreta que jamás se imaginó verse involucrada en estas circunstancias. Pero va a dar la pelea.

El mismo día de su imputación, Zapatero hizo un breve vídeo defendiendo su inocencia, pero fue antes de que se conociera el auto. Ahora, ha contratado a uno de los mejores abogados procesalistas, Vicente Moreno, y ha decidido no volver a hablar hasta que comparezca ante el juez el próximo 2 de junio.

Más allá del futuro judicial de Zapatero, esto también tiene una derivada importante para Pedro Sánchez. El expresidente le apoyó el miércoles en el Congreso y volvió a decir que no convocará elecciones hasta 2027, aunque cada vez se ve más improbable que eso lo pueda cumplir.

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha vuelto a plantear la necesidad de presentar una moción de censura, pero no lo hará salvo que la pueda ganar. El factor clave ahora es el PNV. El lendakari vasco estuvo durísimo pidiendo explicaciones a Sánchez y a Zapatero, y se han sumado más voces autorizadas del partido vasco, entre ellas, la del exsenador Iñaki Anasagasti, que ha pedido al PNV que apoye la moción.

Junts per Catalunya, de momento, sigue diciendo que no se cuente con ellos, pero está a la espera de lo que pase el día 2. Las reticencias de ambos partidos para dar este paso es tener que unir sus votos a los de Vox para tumbar a Sánchez, lo que les puede pasar luego factura en sus territorios. No obstante, hay más incertidumbre que nunca. La condición que PNV y Junts pondrían es que nada más ser elegido Feijóo convoque elecciones de forma inmediata.

En toda la etapa democrática el PSOE ha pasado momentos muy difíciles. Lo fueron cuando a principios de los noventa se destaparon los GAL y una retahíla de casos de corrupción como Filesa, Fondos Reservados, Roldán, Mariano Rubio, etc. También al perder las elecciones en 1996 y cuando Aznar logró mayoría absoluta en 2000 -se cuenta que Alfonso Guerra presentó un informe a la Ejecutiva a principios de los ochenta que decía que pasarían varias décadas para que la derecha fuera mayoritaria en España-. Tras el oasis de los dos Gobiernos de Zapatero, se volvieron a enfrentar a la mayoría absoluta de Mariano Rajoy y a una dura crisis interna en el partido que acabó con la expulsión del secretario general… que ahora es el presidente del Gobierno.

La dura piel de los socialistas, tal vez, se ha hecho más sensible, pero la angustia que hay ahora en el partido, hasta para los más veteranos, es desconocida.

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