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Opinión | Tormenta judicial
Josep Cuní

Josep Cuní

Periodista.

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Rodríguez Zapatero. El final del optimismo

El poco ingenuo 'Bambi' está descubriendo ahora que “la inocencia es como una flor frágil, fácil de marchitar cuando se enfrenta a la adversidad”

José Luis Rodríguez Zapatero, en una imagen de archivo.

José Luis Rodríguez Zapatero, en una imagen de archivo. / José Luis Roca

“En un mundo donde la justicia es relativa, la inocencia siempre es cuestionable”. La frase de Harrison Ford en 'Presunto inocente' la ha suscrito Shakira. Teniendo motivos para la celebración por el fallo a su favor de la Audiencia Nacional contra Hacienda que debe devolverle decenas de millones, la respuesta de la cantante ha sido de lamento: “Nunca hubo fraude y aun así durante casi una década se me ha tratado como culpable”.

Es curioso que buena parte de la sociedad haya asumido el bulo de que la Agencia Tributaria queda exenta del cumplimiento del principio constitucional de la presunción de inocencia. Y que debe demostrar la culpabilidad y no crear insidiosas acusaciones que anulen la exculpación. Todo lo contrario de lo dictado por la justicia que acaba dando la razón a más de la mitad de los ciudadanos que recurren siguiendo la doctrina del Tribunal Supremo. Eso, a pesar de que algunos asesores fiscales sean los primeros en sugerir pacto a sus clientes ante el aviso de inspección como si ellos no hubieran tenido responsabilidad en el control de las cuentas presentadas. Pero saben que, iniciado el proceso, la habilidad intimidatoria de algunos funcionarios lleva a la deliberada confusión del procedimiento de revisión de liquidación con el de imposición de sanción asustando al impositor ignorante en la materia. Cierto es también que los constantes cambios legislativos proyectan más inseguridad jurídica que clarificación de criterios.

Todo esto lo saben, porque lo sufren, los tres millones y medio de trabajadores autónomos españoles que, tratados como empresarios, se sienten objetivo de un sistema que proyecta su presión fiscal en la clase media. Debilitada esta, se resiente el Estado del bienestar porque los ricos jueguen en otra liga en la que parece que aspiraba competir José Luis Rodríguez Zapatero (Valladolid, 4 de agosto de 1960).

El golpe moral que le ha asestado al PSOE el único de sus líderes sin atisbos de corrupción durante sus mandatos es inédito. Y aunque las ya famosas 85 páginas más anexos del auto judicial sean el punto de partida de una investigación que ya se verá procesalmente en qué queda, para ZP nada volverá a ser lo que era porque, en palabras del “jodido” Gabriel Rufián admitidas por toda la izquierda, “si es verdad es una mierda y si es mentira es una mierda aún mayor”.

Es significativo que, más allá de las primeras reacciones primarias fruto de la dura confrontación que nos alimenta, las opiniones posteriores de los afines no han entrado ni en el 'lawfare' ni en las descalificaciones habituales. Tanto la contundencia del documento como el currículum del juez instructor dan poco pie a ello. Por otra parte, está el controvertido papel de Rodríguez Zapatero como histórico mediador en Venezuela sin conseguir resultados que le evitaran a aquel país el contundente final afligido por unos Estados Unidos que ni olvidan ni perdonan. Sea por no levantarse por respeto al paso de su bandera, sea por retirar las tropas de Irak sin negociación ni aviso, sea por colaborar con sus enemigos.

Puede que el expresidente olvidara que todos los actos tienen sus consecuencias, aunque estas tarden en llegar. Si es así, el poco ingenuo 'Bambi' está descubriendo ahora que “la inocencia es como una flor frágil, fácil de marchitar cuando se enfrenta a la adversidad”. También de la novela 'Presunto inocente'.

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