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Opinión | Aniversario
Albert Soler

Albert Soler

Periodista

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El legado del 15M, quince años después

Hay que ver cómo han prosperado aquellos revolucionarios que querían alcanzar el cielo y han alcanzado el paraíso en la tierra, que es mucho mejor

Carteles de manifestantes del Movimiento 15M en la Puerta del Sol de Madrid, el 24 de mayo de 2011. | JOSÉ LUIS ROCA

Carteles de manifestantes del Movimiento 15M en la Puerta del Sol de Madrid, el 24 de mayo de 2011. | JOSÉ LUIS ROCA

Quince años se cumplieron el otro día de las acampadas del 15M. Confieso que en un primer momento creí realmente que los jóvenes políticos que de allí surgieron, suponían una nueva forma, muy necesaria, de ejercer la política. Me desengañé más adelante, al comprobar que no eran más que una panda de aprovechados, tan alejados de los trabajadores como del trabajo. Finalmente, en un tercer estadio en el cual me encuentro ahora mismo, no puedo menos que rectificar de nuevo y reconocer que, contra todo pronóstico, han triunfado: las tropas de Podemos han alcanzado sus últimos objetivos, la revolución ha terminado. Me refiero a que unos miserables profesores que no tenían dónde caerse muertos, no conocían el sexo si no era de pago y estaban destinados a jubilarse dando clase a universitarios que los despreciaban por ineptos, consiguieron forrarse, follar, llegar a ministros y hasta dejar el piso del barrio obrero para instalarse en un chalé en una ciudad residencial. Si esto no es triunfar, que baje Dios y lo vea. La revolución era eso, labrarse un futuro de mucho lujo y poco trabajo, y hay que admitir que lo han logrado. Antes las revoluciones aspiraban a conseguir mejoras para todos los ciudadanos en general, pero eso era muy trabajoso y además peligroso, las revoluciones de hoy sirven para mejorar la existencia de sus líderes, cosa que es mucho más fácil. Y más placentero, oigan.

Algo deberíamos haber sospechado cuando no dejaban de hablar de “casta” para referirse a los demás políticos, ya que ese término, “casta”, lo acuñó Mussolini va a hacer casi un siglo, con idéntico propósito populista. Siendo profesores universitarios, hay que suponer que conocían el origen fascista de la palabra, así que quizás nos estaban dando una pista sobre lo que pretendían llevar a cabo en España, si fue este el caso, podrían haber vestido camisa negra para facilitarnos la tarea. De todas formas, a tenor de las capacidades intelectuales que demostraron en cuanto llegaron al poder, lo más probable es que Mussolini les suene a una fina tela de algodón o, como mucho -en el caso de los más viajados y cosmopolitas-, a un postre de trattoria.

Quince años dan para mucho, no hay más que ver cómo han prosperado aquellos revolucionarios, querían alcanzar el cielo y han alcanzado el paraíso en la tierra, que es mucho mejor, porque allá arriba faltan buenos restaurantes, viajes a Nueva York, casoplones con piscina, trajes a medida -uno se harta de vestirse siempre en el Primark-, actrices de poca monta que se le ponen a uno a tiro, pelotas que le hacen a uno sentirse importante y pecado, en el cielo falta sobre todo pecado, que es lo primero que a uno le apetece cuando cata el poder, si no, para qué. En 2011 bailábamos 'Ai es eu et pego', de Michel Teló, Messi jugaba en el Barça, Michel Houellebecq ganaba el Goncourt con 'El mapa y el territorio', moría Bin Laden y en Japón sufrían el desastre de la central de Fukushima, pero nada de eso era comparable a lo que teníamos aquí en marcha: unos cuantos engañando a unos millones para asegurarse una existencia placentera. Como diría Churchill, nunca tantos propiciaron vivir bien a tan pocos (por lo menos hasta que llegó el procés, otra revolución basada en el engaño de unos pocos a unos muchos, no es raro que los políticos del 15M terminaran apoyando a los lacistas, unos y otros compartían la misma aspiración: vivir de la sopa boba a costa de sus seguidores). No tuvieron más que pensar poco y gritar mucho para ser considerados líderes. Tanto les gustó, que hoy, olvidados de todo el mundo, todavía piensan menos y gritan más que entonces.

A los Iglesias, Montero, Belarra. Echenique, Monedero, Errejón y unos cuantos más, les tocó la lotería hace quince años, como al califa de la canción homónima de La Trinca: “Califa, ets el rei de l’enganyifa! Califa, tu si que ho tens ben muntat!”. E igual que el califa, si les preguntan “¿y el pueblo?”, no dudan en responder “al pueblo que le den por el chubidubidú”. Quince años después de llegar a la política como emancipadores de la patria, el único legado que han dejado los líderes del 15M ha sido el lenguaje inclusivo. No es poca cosa, así podemos referirnos a ellos como inútiles e inútilas.