Opinión
Helena Beunza, presidenta de ASVAL
España necesita una política de vivienda a la altura del reto

Imagen de archivo de un bloque de viviendas en Cataluña / CAIB
La aprobación del nuevo Plan Estatal de Vivienda 2026-2030 supone una señal positiva: la vivienda ocupa, por fin, el lugar central que merece en la agenda política, social y económica del país. El acceso a una vivienda adecuada se ha convertido en uno de los principales desafíos de España, con un impacto directo sobre los jóvenes, las familias, la movilidad laboral, la cohesión social y la competitividad de nuestra economía.
Por eso, cualquier esfuerzo orientado a reforzar las políticas públicas de vivienda debe ser bienvenido. El nuevo plan incorpora elementos relevantes: más recursos presupuestarios, programas de rehabilitación, medidas de movilización de vivienda, apoyo al alquiler y voluntad de ampliar el parque público. El Gobierno ha anunciado una dotación de 7.000 millones de euros para el periodo 2026-2030, con tres ejes principales: construir más vivienda pública, rehabilitar y movilizar el parque existente, e incrementar las ayudas a quienes tienen más dificultades de acceso.
Pero reconocer el avance no debe impedirnos ver la magnitud del reto. España arrastra desde hace décadas un déficit estructural de vivienda social y asequible muy alejado de los estándares europeos. La falta de oferta, especialmente en alquiler, está tensionando los precios y dificultando el acceso a la vivienda de amplias capas de la población, no solo de los colectivos más vulnerables, sino también de jóvenes, familias trabajadoras y clases medias.
La vivienda no puede abordarse únicamente como una política asistencial ni como una suma de programas coyunturales. Necesita convertirse en una verdadera política económica de Estado: estable, ambiciosa, medible y sostenida en el tiempo. Una política capaz de movilizar suelo, financiación, inversión, rehabilitación, innovación y capacidad de gestión.
En este punto, Europa ofrece una oportunidad que España no debería desaprovechar. El primer Plan Europeo de Vivienda Asequible, presentado por la Comisión Europea en diciembre de 2025, reconoce que la crisis de acceso a la vivienda afecta ya al conjunto de la Unión y plantea una respuesta basada en aumentar la oferta, movilizar inversión, simplificar procedimientos, actuar sobre las zonas tensionadas y reforzar la vivienda asequible, sostenible y de calidad.
Además, el Plan Europeo se presentó junto con una revisión de las reglas de ayudas de Estado aplicables a los servicios de interés económico general, precisamente para facilitar un mayor apoyo público a la vivienda asequible. Este punto es especialmente importante: Europa está abriendo la puerta a marcos más flexibles y ambiciosos para financiar vivienda asequible, siempre que existan reglas claras, objetivos sociales definidos y condiciones proporcionadas.
España debe alinearse con esta nueva visión europea. Y eso exige desarrollar con mayor claridad un modelo de alquiler asequible incentivado, capaz de integrar a administraciones públicas, propietarios, promotores, inversores institucionales y operadores especializados. No se trata de sustituir la vivienda pública, que debe crecer de forma decidida, sino de complementarla con instrumentos que permitan multiplicar la oferta disponible en plazos razonables.
La experiencia demuestra que el sector público, por sí solo, no tiene capacidad suficiente para responder a la demanda actual. Necesitamos más vivienda pública, sí, pero también necesitamos movilizar vivienda privada hacia finalidades asequibles, activar suelo, rehabilitar parque existente, atraer inversión paciente y diseñar mecanismos que hagan viable ofrecer alquileres por debajo de mercado con garantías para todas las partes.
En esa dirección, instrumentos como el Fondo España Crece y las iniciativas del ICO pueden ser relevantes si se orientan adecuadamente. El ICO ha lanzado una convocatoria de 676 millones de euros para impulsar vehículos de inversión especializados en vivienda social y asequible en alquiler, con capacidad de movilizar hasta 4.500 millones de euros. Además, el nuevo Fondo España Crece prevé un papel destacado de la vivienda asequible dentro de una estrategia más amplia de inversión público-privada.
Ahora bien, la financiación por sí sola no basta. Para que estos instrumentos funcionen, España necesita seguridad jurídica, estabilidad normativa y claridad regulatoria. La vivienda requiere inversiones a largo plazo y compromisos sostenidos durante décadas. Ningún país ha construido un parque asequible sólido desde la incertidumbre, la inseguridad o la confrontación permanente.
Es necesario definir bien qué entendemos por vivienda asequible, qué obligaciones asumen los operadores, qué rentabilidad razonable se permite, qué duración tienen los compromisos, qué garantías existen para los propietarios y qué papel corresponde a cada administración. Sin ese marco claro, los recursos públicos pueden quedar infrautilizados y la inversión privada no llegará a la escala necesaria.
También debemos superar una visión excesivamente ideológica del debate. El propietario, el promotor, el inversor institucional o el gestor profesional no son el problema por definición. Bien regulados, con incentivos adecuados y objetivos públicos claros, pueden formar parte de la solución. La colaboración público-privada no debe entenderse como una renuncia a la política pública, sino como una herramienta para hacerla más eficaz.
La prioridad debe ser aumentar la oferta asequible allí donde más se necesita. Y para ello hacen falta acuerdos amplios, coordinación entre administraciones, simplificación de procedimientos, movilización de suelo, rehabilitación del parque existente y programas atractivos para quienes pueden aportar vivienda al sistema.
El Plan Estatal de Vivienda puede ser un buen punto de partida. Pero no debería ser un punto de llegada. España necesita dar un paso más y construir una política de vivienda con visión estructural, conectada con Europa, capaz de movilizar inversión y orientada a resultados medibles.
La vivienda es hoy uno de los grandes retos de nuestro tiempo. No habrá cohesión social, emancipación juvenil, desarrollo económico equilibrado ni confianza institucional si no somos capaces de ofrecer respuestas eficaces y sostenidas. La pregunta ya no es si la vivienda debe estar en el centro de la agenda. La pregunta es si seremos capaces de construir una política a la altura del desafío.
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