
Abogado.
Con poca visibilidad, pero mejor preparados
Es la incertidumbre sobre los cambios que se atisban y el elevado volumen de las acusaciones entre líderes políticos lo que provoca una angustia sobre un futuro que no se dibuja con la certeza y la ilusión que uno desearía

Banco de niebla vista desde Barcelona / El Periódico
La situación actual provoca una inestabilidad que, hasta ahora, ha afectado menos a la economía de lo que cabría considerar razonable teniendo en cuenta los parámetros tradicionales, mientras que sí observamos un profundo cambio en las decisiones dentro del tablero de ajedrez de la geopolítica.
También la revolución tecnológica parece estar llamada a provocar un gran cambio, aunque a día de hoy su impacto se analiza más desde su potencial que como una realidad palpable. Es evidente que la irrupción de la Inteligencia Artificial ya ha provocado una transformación en nuestro día a día, tanto profesional como personal, pero todavía nos acercamos a ella con la sensación de que el cambio aún debe llegar con mayor profundidad y relevancia.
Nuestro entorno, con un crecimiento demográfico extraordinario y con el reto del cambio climático, también sufre unos ajustes que afectan a las relaciones más inmediatas en el mercado laboral, en el de la vivienda o en las relaciones personales y de vecindad. Y, de nuevo, con la sensación de que los cambios que pueden llegar impactarán todavía más en la estructura económico-social vigente, con un riesgo de creación de desigualdades que superarían las actuales y un marco jurídico-legal cada vez menos capaz de garantizar el sistema de derechos actuales y un Estado social que sufre tensión en sus costuras.
Todo ello provoca una falta de confianza debido a la escasa visibilidad que todos estos cambios generan sobre el futuro y, aún más, por las estridencias con las que se manifiestan o por la agresividad con la que se quieren imponer.
Y es esta falta de visibilidad y el elevado volumen de las acusaciones entre líderes políticos lo que provoca una angustia sobre un futuro que no se dibuja con la certeza y la ilusión que uno desearía.
Que la incertidumbre no nos haga caer en el derrotismo ni en el pesimismo.
Este no es un fenómeno nuevo, sino que se ha dado en otros momentos de la historia. Escribía Albert Einstein hace casi un siglo unas notas sobre su visión del mundo que hoy resuenan y parecen proyectarse sobre nuestra actualidad: "En la política no solo faltan líderes, sino que también se han reducido notablemente la independencia intelectual y el espíritu de justicia de los ciudadanos. La organización democrática y parlamentaria, que presupone esta autonomía, se ha debilitado en muchos lugares; han surgido dictaduras, que son toleradas porque el sentido de la dignidad y de los derechos individuales ya no está suficientemente vivo. (...) No es extraño, pues, que aparezcan por todo el mundo profetas que anuncian el ocaso de nuestra cultura. Yo no pertenezco a esa clase de pesimistas, sino que creo en un futuro mejor".
No podemos permitir que nuestro contexto quiera describirse como claramente peor respecto a lo que se vivía en este mismo entorno hace tan solo unas décadas
Hoy, como en tantos otros períodos de nuestra historia, las actuaciones de nuestros líderes y la realidad de nuestro entorno provocan una niebla que no nos deja ver el valle que tenemos delante… y no hay manera de saber si estamos ante un valle frondosamente verde o si, por el contrario, nos encontramos ante una escarpada montaña imposible de escalar. Pero nadie puede negar que esa niebla la divisamos desde la cima más alta que jamás haya alcanzado la humanidad.
La falta de visibilidad no debe hacernos caer en una valoración negativa del momento que vivimos y, especialmente, no podemos permitir que nuestro contexto —especialmente en España, pero en general en todo el mundo— quiera describirse como claramente peor respecto a lo que se vivía en este mismo entorno hace tan solo unas décadas. El servicio médico universal, la educación pública, la libertad de expresión y la libertad que se vive en las calles, el emprendimiento y el número de proyectos que surgen desde ámbitos que hasta hace muy poco era impensable que pudiéramos siquiera aspirar a ellos.
No podemos rendirnos al derrotismo ni a la desconfianza de quien no sabe ver lo que se ha conseguido hasta hoy. Podemos estar inquietos ante la falta de visibilidad, pero no porque queramos convencernos de que hoy se vive peor que hace unas décadas. Se podría llegar a aceptar un fracaso si, cuando se levante la niebla, nos damos cuenta de que el reto que teníamos delante era mayúsculo, pero en ningún caso podemos renunciar al futuro porque no aceptemos que el presente es mucho mejor que el de nuestros padres o nuestros abuelos.
Entre todos hemos construido una realidad socioeconómica que hoy es clave para superar los retos que vienen, y no podemos menospreciarla. Al contrario, hoy nos toca valorarla y proclamar todo lo que tiene de positivo. Si sufrimos poca visibilidad es porque hemos innovado tanto que nos cuesta entender hacia dónde nos llevan estas transformaciones. Pero que esta escasa visibilidad no nos confunda ni nos haga ser pesimistas ante una realidad evidente: vamos mejor equipados y estamos mucho más preparados para el reto de lo que lo estaban las generaciones anteriores.
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