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Opinión
Sergi Sol

Sergi Sol

Periodista

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Los ateos con el Papa

Archivo - El Papa León XIV.

Archivo - El Papa León XIV. / Stefano Spaziani - Europa Press - Archivo

Se puede llegar a discutir si el Papado estuvo o no con el nazismo. Hay matices. Lo que no adimite discusión es si el Cardenal Primado de Toledo, el catalán Enric Gomà, simpatizó con el fascismo. Éste, como el grueso de la jerarquía católica española (con la excepción del tarraconense Vidal i Barraquer) dieron su bendición a la guerra civil española como Cruzada Nacional. En ocasiones con un entusiasmo que permite entender -que no compartir- el odio ciego contra la Iglesia, entre otros, que estalló a partir de julio de 1936 con una brutalidad sin parangón en Occidente. Para muestra un botón. Cuando las buenas gentes de Unió Democràtica, Carrasco i Formiguera, fueron a contarle al Obispo Irurita (Barcelona) que habían logrado, en plena República, que la religión volviera a las escuelas, Irurita, colérico, respondió: ‘la Iglesia no necesita escuelas, necesita cañones’.

La curia episcopal española sigue en sus trece, ferviente heredera de una tradición integrista. Pero ¿Dónde está hoy el Papado? Ratzinger, Benito XVI, tenía un pasado y siempre queda algo aunque tampoco se prodigó. El cambio llegó con Francisco mientras el histriónico Millei asaltaba la Presidencia argentina. El Vaticano giro a la izquierda. Y ha seguido, con moderación, con el norteamericano León XIV, mientras la Internacional derechista se afianzaba en medio mundo con el estrambótico Trump a la cabeza.

La Iglesia Católica -o por lo menos el Papado- parece sostener la proa contra viento y marea mientras el mundo secular es gobernado por tipos como Netanyahu o Trump, quienes se muestran bendecidos por un mandato divino. La imposición de manos de Trump en el Despacho Oval no sólo es insólito. Da muestra de dónde estamos. La cuestión, en esta coyuntura, es si la Iglesia se ha movido a la izquierda o si el poder civil lo ha hecho a la derecha. Y lo segundo no es que sea obvio, es que se puede afirmar que como nunca.

Viene el Papa a Barcelona. Y a Montserrat, reducto catalanista y progre en el seno de una Iglesia que igual hasta se incómoda con Trump. En esta ocasión, ta vez hasta el más ateo debería hoy saludar la visita de un americano que se proyecta como el antagonista de Trump. Así está el mundo y así la izquierda. Es lo que hay.

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