
Periodista y escritor
Viva México, carajo
En este momento, el mundo y nuestro mundo están viviendo épocas terribles en las que ni la verdad se dice ni la mentira se explica
Ayuso desafía la estrategia de acercamiento a México del Rey y el Gobierno: "Que la libertad nunca tenga que pedir perdón"

Lucía Feijoo Viera
1973. Una legión republicana sale de Madrid, viniendo de todas partes, a cumplir con un deber patriótico: rendir homenaje a León Felipe, el gran poeta que se exilió en México e iba a ser homenajeado en el parque infinito de Chapultepec.
Se juntaron allí españoles, poetas, escritores, profesores, algunos de los cuales iban por primera vez a la tierra que se abrió para que los expulsados de su país, España, pudieran burlar la dureza infinita de la dictadura que dejaron atrás.
Aquel México de entonces, que es México, y lo era desde hacía siglos, acogió a aquella diáspora gracias a la generosidad de un país mestizo, que siempre lo fue y siempre lo sería, hasta el momento presente.
México es también España y España es México, gracias también a aquel tiempo de Lázaro Cárdenas y de los republicanos españoles de la diáspora. En 1973 el símbolo mayor de ese encuentro de países y también de poetas se concentró en el Hotel Camino Real, cerca de Chapultepec, para que el abrazo de un país con dictadura, que era España, celebrara en el otro lado del mundo el porvenir de una patria que aun sufría el frío desmañado y ruin de la era de Franco.
Tuve la oportunidad de vivir ese viaje, de ver cómo se juntaban los españoles de adentro con aquellos que se hicieron mayores gracias al abrazo de México. Unos eran profesores, otros eran poetas, la mayor parte eran ciudadanos que allí alcanzaban, con ese abrazo, la oportunidad de rendir homenaje a León Felipe en Chapultepec. Era, también, un agasajo, a los que perdieron la guerra, pero nunca dejaron atrás la pasión republicana por su país.
Ahora que en España se ha puesto en marcha una extraña pasión por la ruindad de comparar México con cualquier cosa habría que recordar ese momento en que, gracias a un poeta, Alejandro Finisterre, gallego como su seudónimo, los españoles de adentro y los españoles que se hicieron en el exilio brindaron por un futuro que, casualmente, es este.
En España, en este momento, es decir, en 2026, se ha dicho, en la sede parlamentaria de Madrid, que México solo existió cuando allí hubo españoles. En este momento, el mundo y nuestro mundo están viviendo épocas terribles en las que ni la verdad se dice ni la mentira se explica.
Esa España que fue a la conquista no es la España que luego, pasados los años y los siglos, escribió, con México, que justamente el mundo que nos une es ahora el mundo entero en el que, mexicanos de un sitio y españoles de otro, cumplen la misión civil de respetar lo que lograron, con los siglos, los ciudadanos que poco a poco se hicieron de todas partes, también españoles, también mexicanos.
Escuché aquellas voces y las voces que fueron desde Madrid a rendir homenaje a León Felipe, cuando este murió republicano lejos de su patria. Le celebraban la vida los que ya eran a la vez españoles y mexicanos. Los que veníamos de lejos sentíamos que esta visita era más del aire del corazón que de la curiosidad del que busca el folclore o la noticia.
Dentro de ese viaje había poesía, compromiso político, esperanza. Desde entonces han pasado muchas cosas, y España, por ejemplo, fue finalmente libre de la dictadura. México había sido, como se dice en su historia, la consecuencia de muchas historias juntas, y entre ellas estaba la de los españoles que ahora, y desde hacía tanto tiempo, comprendían los desastres que hubo en la conquista y lo que la conquista fue, también, de ruin o de mentirosa.
En España ahora se levantan palabras que son inútiles porque no son verdad (“México no existió hasta que llegaron los españoles…”) sino que son sinuosas ruindades en las que se mezclan la mentira y la rabia, como si todavía se tuviera que explicar qué fue Hernán Cortés y qué fue, pongamos por caso, el mundo al que Colón quiso atraer a la historia para que, muchos siglos después, alguien dijera que solo los españoles hicieron el sol y la luna y el porvenir del país que luego sería la patria de los españoles que tuvieron patria gracias a México. Viva México, carajo.
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