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Opinión | Conocidos y saludados
Josep Cuní

Josep Cuní

Periodista.

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Florentino Pérez, el hombre (in)tranquilo

Nadie ha quedado indiferente al tono, las invectivas, los señalamientos, el desprecio y la chulería de un señor a quien se tenía por educado, serio, cabal, caballeroso y prudente

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Florentino Pérez

Florentino Pérez / Dennis Agyeman / AFP7 / Europa Press

“Se tiene desde la periferia la sensación de que Madrid se va de España. Que juega otra liga mundial de ciudades… que se mide con Miami”, escribía Pasqual Maragall el 27 de setiembre de 2001 en 'El País'.

“Madrid se va” fue un artículo muy comentado en su momento y tuvo secuela. La profecía cumplida obligó a su autor, dos años y medio después, a reconocer que “Madrid se ha ido”. Allí, el todavía opositor a Pujol señalaba que “la hazaña de Aznar al meter a la derecha en la Constitución no le ha salido gratis a España… Su empecinamiento nacionalista amenaza con dar al traste con unos equilibrios que han funcionado” y, señalando la obsesión económica, acababa confiando en que “la sociedad civil madrileña reaccione y se plantee seriamente cuál ha de ser el papel de esa comunidad en la política española; y, para empezar, cómo debe Madrid regenerarse políticamente”. Nunca hubo respuesta. Ahí están los hechos. Por eso, con las luces largas de Europa, sensatos observadores económicos advierten hoy del serio riesgo del colofón del texto maragalliano: “cuatro años más de deriva… y España perdería el norte”. Han pasado 23 y la semana nos deja dos consecuencias tardías del doble error de confundir el país con su capital y esta con los límites de la M-30.

Isabel Díaz Ayuso fue a México y provocó a sus ciudadanos diciéndoles algo que no quieren aceptar: que su país no existía antes de Hernán Cortés y sus métodos de conquista. De regreso, la presidenta madrileña se presentó como víctima de un boicot narco-sanchista, que puso en vilo su seguridad y que le obligó a destinar los tres días finales sin agenda a “tratar de volver” desde la Rivera Maya.

Ya en Madrid y mientras intentaba sacarle partido a su epopeya, su relato quedó eclipsado por un estruendo superior que también tuvo el deje mexicano de un posible opositor: la explosión de Florentino Pérez Rodríguez (Madrid, 8 de marzo de 1947).

“¿Has escuchado al presidente del Real Madrid?". Ha sido la pregunta más repetida en España estos días. Nadie ha quedado indiferente al tono, las invectivas, los señalamientos, el desprecio y la chulería de un señor a quien se tenía por educado, serio, cabal, caballeroso y prudente. Tanto que, para no alterar esa imagen que se entendía natural, apenas se sometía a ruedas de prensa y reservaba sus entrevistas a momentos muy determinados y con periodistas afines. En ellas, ni una palabra malsonante, ni una frase más alta que otra, alguna sonrisa y poco aspaviento. Tal histórico comportamiento público etiquetado como “señorío” también se entendía por la compostura obligada por estar al frente de su multinacional ACS. 180.000 trabajadores y facturando más de 100 millones diarios. Maneras propias de uno de los hombres más ricos de España, según 'Forbes'.

Incluso los pasotas del fútbol sabían del talante que no se alteraba ni en los palcos, ocupados durante más de dos décadas tras las victorias de sus muchachos que convertían al club blanco en el mejor valorado del mundo. De nuevo 'Forbes'.

Que ni sus partidarios que le votarán de nuevo en las próximas elecciones hayan podido defenderle indica la pérdida de reputación de quien pasó de admirado a temido y acabó penoso. Solo la bolsa se ha mostrado indiferente y las acciones de su empresa han subido. Probablemente porque, según el argot, ya lo habían descontado. Igual pasa con las guerras.

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