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Opinión | Editorial
Jordi Puntí

Jordi Puntí

Escritor. Autor de 'Confeti' y 'Todo Messi. Ejercicios de estilo'.

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Una biblioteca nada breve

Un vistazo al catálogo de Labreu confirma que han llegado a los 250 títulos sin desviarse de sus intenciones iniciales

Ester Andorrà, editora de LaBreu: "La audacia editorial hace lectores inteligentes"

El escritor ruso Sergei Dovlátov.

El escritor ruso Sergei Dovlátov. 

Abramos una botella de cava: estos días la editorial Labreu celebra dos décadas de existencia publicando libros en catalán, y algo en apariencia tan normal conlleva sin duda un orgullo de resistencia. Recuerdo la rueda de prensa en la que los editores se dieron a conocer: Ester Andorrà, Marc Romera y Miquel Adam ofrecían entusiasmo, ideas claras y algo de ingenuidad —querían editar poesía—, pero lo más sorprendente era la máxima que les guiaba: “Labreu es una editorial que se autogestiona y estampa en tinta aquello que ama”. Hoy, 20 años después, un vistazo a su catálogo confirma que han llegado a los 250 títulos sin desviarse de esas intenciones iniciales.

La colección de poesía Alabatre se ha convertido ciertamente en una referencia poética, ligada también a los recitales de poesía en el bar Horiginal de Barcelona. En mi biblioteca no faltan sus volúmenes de colores vivos y grabados con un insecto —entre ellos Josep Pedrals, Laia Llobera o Andreu Subirats—, pero es en la narrativa donde me han conquistado más a menudo. Hay que celebrar que la colección Cicuta diera la primera voz a autores como Joan Todó, Jordi Nopca, Joan Jordi Miralles o Cristina Garcia-Molina. Y esta voluntad de riesgo y hallazgo se percibe también en las traducciones de 'La Intrusa', donde el primer nombre que reclama mi admiración y agradecimiento es Sergei Dovlatov (traducido por Miquel Cabal), con títulos como 'La zona', 'La maleta', 'Els nostres'... Dovlatov, que había huido de la Unión Soviética para ir a los Estados Unidos, decía: “Yo no vivo en América, yo vivo en la emigración”. A veces, al leerlo, uno piensa que su vida debía de ser muy divertida, pero es más probable que fuera un infierno cotidiano que solo podía soportar contándolo con su humor cruel.

Los ocho títulos de Dovlatov en Labreu demuestran una terquedad feliz, más allá de las leyes del mercado, que también han dedicado a Anaïs Nin. Esta convicción está presente en otras apuestas, a menudo de novelistas reconocidas en todas partes y que deben poder leerse en catalán, como Muriel Spark, Mavis Gallant o Cynthia Ozick. Búsquenlas, lean y brinden conmigo: ¡Larga vida a Labreu!

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