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Opinión | Nuestro mundo es el mundo
Joan Tapia

Joan Tapia

Periodista. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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Lo urgente: Ormuz, no Pekín

La Agencia Internacional de la Energía aboga por reducir ya el consumo de petróleo. Alentarlo bajando precios -como España y otros países europeos- es un grave error

Xi recibe a un Trump debilitado por Irán mientras China gana puntos como potencia confiable

El Pentágono eleva a 29.000 millones el coste de la guerra en Irán

Donald Trump.

Donald Trump. / Europa Press

Trump ya está en China con sus pompas y sus honras. Pero tuvo que retrasar el viaje por el inicio de la guerra de Irán. Y, al contrario de lo que esperaba, la guerra no ha terminado y el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo y el gas natural que el mundo consume, sigue cerrado. La cumbre de Pekin será relevante -tierras raras, aranceles, Taiwan, IA-, pero lo realmente urgente es Ormuz. Para Trump y para el mundo.

El miércoles 6 de mayo Trump anunció un inminente y “fantástico” (le gustan los superlativos) acuerdo con Irán. Sobrentendido, la guerra había terminado y el estrecho de Ormuz se abriría. La guerra tendría serias consecuencias, pero la pesadilla parecía finalizar. Sin embargo, ocho días después, Irán ha rechazado la propuesta americana, el presidente Trump dice que la respuesta iraní es “basura” y que la tregua está en cuidados intensivos. Pero Ormuz sigue cerrado y América no ha vuelto a atacar.

¿Qué está pasando? Trump ha cedido mucho porque los efectos económicos de la guerra pueden ser catastróficos. También para él, que arriesga perder las elecciones de noviembre en la totalidad de la Cámara de Representantes. ¿El poderoso superpresidente como un Sánchez cualquiera? El precio del galón de gasolina ya lleva días por encima de los 4,50 dólares, algo que los sociopsicólogos creen que es el máximo que el americano medio, con coches que consumen mucho combustible, puede tragar. Más aún, la inflación en abril ha subido al 3,8%, la más alta desde 2023, frente a un 2,4% en febrero, antes de la guerra. Y este miércoles se supo que los precios al por mayor, que pueden orientar el futuro del IPC, subieron en abril un 6% frente al 3,4% de febrero, antes de la guerra.

Trump no se lo puede permitir. Lo que pasa es que, pese a 37 días de ataques masivos y despiadados -y la eliminación de su cúpula dirigente-, el régimen iraní no solo no ha caído, sino que se niega a un acuerdo. Según Robert Kagan, un profesor conservador que no cree en el famoso 'soft power' americano sino en el 'hard power' (la fuerza) -y que asesoró a presidentes y candidatos republicanos- América ya ha perdido la guerra. El régimen iraní sigue y Trump no puede hacer “desaparecer una civilización” porque la réplica iraní (se ha visto que pueden) sería atacar puntos vitales para la producción de petróleo y gas natural de Catar. Y quizás hasta de Arabia Saudita, que está empujando a Pakistán para una solución negociada. Y eso conllevaría el caos mundial.

Trump ya está perdiendo la guerra. No puede atacar más porque la respuesta iraní -contra puntos de Catar y otros países del Golfo- provocaría un gran caos mundial

Según Kagan, Trump ya ha perdido y quizás lo mejor -para él- será humillarse ante Irán y evitar lo peor. Pero el prestigio de América como el gran poder militar del mundo quedará muy dañado. Quizás Kagan exagere, pero Ormuz sigue cerrado, no se ve una solución a corto y el petróleo se ha encarecido nada menos que un 77% desde el 1 de enero.

Pero lo peor no es el precio sino la posible escasez. Según la Agencia Internacional de la Energía en las tres crisis petroleras anteriores (OPEP 1973, revolución iraní 1979 y guerra de Kuwait) se perdieron unos 4 millones de barriles diarios, mientras que en esta se pierden 14 millones cada día. Y Fatih Birol, el turco que dirige la AIE desde Viena, reclama tomar medidas para reducir el consumo, como hacen algunos países asiáticos muy dependientes del Golfo Pérsico, en vez de alentarlo bajando el precio de los carburantes, como muchos países europeos. España entre ellos.

Y aboga por limitar la velocidad de los automóviles, impulsar el transporte público e incluso reducir el uso de aviones. Y dice que, cuanto más se tarde, más duras serán las medidas que después habrá que adoptar.

Es posible que Kagan y Birol sean dos alarmistas, pero casi todos los expertos coinciden en que las consecuencias serán graves sino se reabre Ormuz. Y no hay perspectivas inmediatas. La bolsa americana no lo nota y las europeas empiezan a acusarlo. Pero los gobiernos tienen miedo cerval a alarmar. Los europeos no podemos asimilar que la ignorancia de un presidente americano pueda acarrear tan fatales consecuencias.

Y así discutimos de Florentino y el Real Madrid, de si dos “mossas” violaron una asamblea de la Ustec. ¿Trapero debe ser cesado? O si Ayuso corrió un grave peligro en su viaje a México.

¿Ormuz? Dios proveerá.

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