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Opinión | Ágora
Maite Esteve

Maite Esteve

Directora Fundació Catalunya Cultura

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La propuesta de ley de fomento del mecenazgo de Catalunya

Necesitamos hacer pedagogía. Abrirla a todo el mundo. Hacer entender que no es un privilegio de unos pocos, sino una herramienta de beneficio colectivo

La Ley de Mecenazgo para Catalunya suma el apoyo de Junts y Esquerra

El hemiciclo durante una sesión del pleno en el Parlament, a 29 de enero de 2026.

El hemiciclo durante una sesión del pleno en el Parlament, a 29 de enero de 2026. / David Zorrakino / Europa Press

Permítanme empezar diciendo que quien escribe lo hace no solo en nombre de la Fundació Catalunya Cultura, que también, sino que quiero levantar la voz en el clamor de centenares de entidades que, desde el año 2016, hemos trabajado, debatido, compartido y creído de manera conjunta e incondicional en una idea firme: que el mecenazgo tenía que volver a ocupar el lugar que le correspondía en nuestro país.

Personas diversas, de ámbitos diferentes, unidas dentro de una Plataforma pel Mecenatge que me legitima para escribir estas palabras.

Por lo tanto, lo que leen no es una opinión singular. Es una voz colectiva. Y, aun así, hoy no hablamos solo de cultura. Hablamos de país.

Hablamos de aquello que nos ha hecho ser quiénes somos. De una manera de entender el mundo que pone el valor en las personas, en el talento, en el compromiso y la corresponsabilidad. Hablamos de mecenazgo.

A lo largo de los siglos, Catalunya ha sabido construir mucho más que patrimonio. Ha construido comunidad. Desde los monasterios que preservaban el conocimiento, hasta aquella sociedad civil de finales del siglo XIX que, con determinación y generosidad, decidió apostar por el futuro.

Aquella generación no lo tenía fácil. Pero lo tenía claro. Entendieron que la cultura nos da identidad. Que la investigación nos abre caminos. Que la acción social nos hace más justos. Que el deporte nos une. Y que todo esto, sumado, es lo que da sentido a un país.

Francesc Cambó lo expresaba, diciendo: “La cultura es la que hace dignos a los pueblos". Pero, detrás de esta idea, había algo todavía más profundo: la convicción que la dignidad colectiva se construye con compromiso individual.

Y este compromiso existió. Silencioso, constante, a menudo discreto. Personas e instituciones que decidieron dar, impulsar y sostener. Que hicieron posible, escuelas, bibliotecas, hospitales, centros de investigación, ateneos y clubes deportivos.

También Pau Casals nos lo recordaba, con una sencillez inmensa:“La cultura es la luz de la vida". Y podríamos decir que el mecenazgo ha sido, muchas veces, la llama que ha mantenido viva esta luz.

Gracias a esto, hoy somos herederos de un legado extraordinario. Y, precisamente por eso, ayer fue un día importante. Porque ayer se presentó en el Parlament una propuesta de ley de fomento del mecenazgo que cuenta con un amplio apoyo del arco parlamentario.

Y esto es motivo de agradecimiento. Sinceramente. Porque quiere decir que se ha entendido que este es un tema que nos interpela a todos. Que va más allá de las diferencias. Que forma parte de lo esencial.

Llegar hasta aquí no ha sido fácil. Es fruto de muchas complicidades, de mucho trabajo, de muchas personas —quiero hacer una mención especial a los miembros del Grup de Traball de la ley—, mucha gente que ha creído y trabajado durante años.

Pero también sabemos que el camino no se acaba aquí. Nuestra experiencia nos ha demostrado que entre una propuesta y una realidad hay un tramo exigente y muy peligroso. Un tramo que pide perseverancia, generosidad y sentido de la responsabilidad. Especialmente, a los políticos.

Y es desde este respeto por el camino hecho que hoy queremos mirar adelante, desde la confianza que depositamos en ellos y la responsabilidad que el peso de quiénes lo piden esperamos que les imponga.

Porque este proyecto solo tendrá sentido si llega a buen puerto. Si avanza. Si se aprueba. Y si se convierte en una herramienta real al servicio de la sociedad.

Y, en este sentido, hay un elemento especialmente relevante de esta ley que hay que poner en valor: la creación del Consell per al Foment del Mecenatge.

Porque el reto no es solo normativo. Es también cultural y popular. Necesitamos volver a explicar qué es el mecenazgo. Necesitamos hacer pedagogía. Abrirla a todo el mundo. Hacer entender que no es un privilegio de unos pocos, sino una herramienta de beneficio colectivo.

Otros países ya lo han hecho. La ley Aillagon, en Francia, no solo estableció incentivos, sino que impulsó una verdadera tarea de pedagogía pública que transformó la percepción social del mecenazgo.

Esto es lo que hoy también necesitamos aquí. Necesitamos revertir una mirada que, demasiado a menudo, asocia el mecenazgo a intereses opacos o a prácticas de 'greenwashing'. Y hacerlo desde la transparencia, desde la rendición de cuentas, pero sobre todo desde la comprensión.

Porque cuando el mecenazgo funciona bien, gana la cultura, gana la investigación, gana la cohesión social, gana el deporte, gana nuestro país.

El Consell puede ser clave para hacer este cambio. Para conectar instituciones, sociedad civil e iniciativa privada. Para generar confianza. Para construir relato.

Necesitamos un mecenazgo vivo, que impulse la cultura, pero también la investigación, que refuerce el tejido social, que acompañe el deporte, que genere oportunidades allí donde más hacen falta.

Necesitamos facilitar que quien quiera contribuir al bien común pueda hacerlo. Con claridad, con seguridad y con reconocimiento.

Y por eso, hoy, con toda la consideración y con toda la confianza, pedimos a nuestros representantes que continúen este camino juntos. Que cuiden este consenso. Que lo protejan. Y, sobre todo, que lo hagan posible.

Porque cuando Catalunya avanza, lo hace así. Sumando. Escuchando. Construyendo desde la diversidad. Cómo decía Vicens Vives: “Un país no es solo lo que tiene, sino lo que hace con lo que tiene". Y hoy, ahora, tenemos una oportunidad.

Una oportunidad de volver a poner el mecenazgo en el centro. De reconectar con lo mejor de nosotros mismos. De hacer que aquel espíritu de finales del XIX no sea solo memoria, sino inspiración. No para repetirlo, sino para adaptarlo a nuestro tiempo y posibilidades. No para mirar atrás, sino para seguir adelante. Firmes y convencidos. Con ambición, pero también con humildad. Con exigencia, pero también con respeto.

Porque, en el fondo, lo que está en juego no es una ley. Es la manera cómo queremos construir el futuro de Catalunya.

Por favor, hagámoslo posible. Juntos.