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Opinión | GATO ADOPTIVO

Ferran Boiza

Ferran Boiza

Director adjunto de EL PERIÓDICO

El hospital (fantasma) de pandemias

Interior del Hospital Isabel Zendal de Madrid durante la pandemia de Covid.

Interior del Hospital Isabel Zendal de Madrid durante la pandemia de Covid. / Eduardo Parra / Europa Press

A principios de febrero de 2020, una veintena de españoles ingresó en el hospital militar Gómez Ulla de Madrid para cumplir dos semanas de cuarentena. Habían sido repatriados, en un avión británico, desde la ciudad china de Wuhan, zona cero del COVID.

Seis años después, otros 14 ciudadanos españoles han sido hospitalizados en el mismo centro sanitario para pasar la cuarentena tras ser evacuados del barco del Hantavirus. Al igual que entonces, vivirán estos días confinados en la Unidad de Aislamiento de Alto Nivel del Gómez Ulla, preparada para pacientes con infecciones de riesgo y concebida como un área de máxima bioseguridad, una de las más avanzadas de Europa.

De esta decisión, sin embargo, sorprende -y mucho- el hecho de que, en el tiempo transcurrido entre el COVID y el Hantavirus, en España se haya construido un hospital teóricamente especializado en pandemias.

Se trata del hospital Enfermera Isabel Zendal, construido por el Gobierno de la Comunidad de Madrid en Valdebebas, cerca además del aeropuerto de Barajas. Presupuestado inicialmente en 50 millones de euros, el coste final reconocido oficialmente por el Ejecutivo madrileño en marzo de 2021 es de 153 millones de euros, entre construcción y puesta en marcha.

El que fuera vicepresidente de Isabel Díaz Ayuso cuando se decidió construir este equipamiento sanitario, Ignacio Aguado, de Ciudadanos, se preguntaba este lunes en X: “¿Por qué no se ha ofrecido el hospital Isabel Zendal para acoger a los 14 españoles procedentes del crucero MV Hondius?”. Y él mismo se respondía: “Pues, básicamente, porque no está preparado para acogerlos”.

Y esa es la realidad del hospital fantasma de pandemias levantado en Madrid, que no está preparado para aislamientos biológicos, cuarentenas ni enfermedades infecciosas de alto riesgo. Más de 153 millones de euros después, el Zendal no pasa de ser una cáscara vacía, con mucha fachada, mucho relato y dudosa utilidad.

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