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Opinión | MAPAMUNDI

Madrid

EE UU deja de ser el hegemón de los mares por culpa de Trump

La incapacidad de Estados Unidos para reabrir el estrecho de Ormuz es una derrota estratégica inédita

Archivo - El portaaeronaves 'USS Abraham Lincoln' (archivo)

Archivo - El portaaeronaves 'USS Abraham Lincoln' (archivo) / Europa Press/Contacto/Mcs Aleksandr Freutel/Planet

Donald Trump va a pasar a la historia como el presidente que más daño ha hecho a Estados Unidos en décadas. No es una exageración.

La lista de heridas autoinfligidas es larga (alejamiento de los aliados tradicionales, pérdida de poder blando y capacidad de influencia global, graves distorsiones económicas). Pero hay un error no buscado que supera a todos los demás en el largo plazo: Estados Unidos ha perdido el título de hegemón de los mares. Ya no es el policía que garantiza el tránsito marítimo, el garante de la libertad de navegación.

Desde la segunda mitad del siglo XX, se daba por sentado que la Armada estadounidense era una fuerza irresistible; que con su docena de portaaviones podía acudir en poco tiempo a cualquier mar y controlarlo. Ahora, el mundo contempla, atónito, que Estados Unidos ni siquiera es capaz de reabrir el estrecho de Ormuz frente a una potencia militar media como Irán. ¿Quién va a creer que sea capaz de defender Taiwán frente a China, por ejemplo? 

El ridículo militar de esta semana ha sido sonrojante. El lunes, el ex tertuliano de la Fox y ahora secretario de la Guerra, Pete Hegseth, anunció pomposamente la operación “Proyecto Libertad”. Vistió como misión humanitaria (sacar a los miles de marineros atrapados en el Golfo Pérsico) lo que en realidad era un intento de romper el bloqueo iraní. Fallaron. Consiguieron sacar un gran total de tres barcos en dos días, frente a los 150 buques diarios que transitaban antes de que comenzara la guerra. Menos de 48 horas después de anunciar la operación, la suspendieron. Se lo habían pedido Pakistán y Arabia Saudí para dar una oportunidad a las negociaciones de paz, y además no estaba funcionando. 

También han dado por finalizada la operación Furia Épica, es decir, las operaciones de guerra. ¿Qué ha obtenido, por el momento, la superpotencia estadounidense? Algunas victorias tácticas (bombardeos eficaces), y una estrepitosa derrota estratégica. Ahora Trump y sus negociadores buscan desesperadamente un acuerdo con Teherán. En el mejor de los casos, conseguirá poco más que el acuerdo que firmó Barack Obama en 2015 y el propio Trump rompió en 2018. Todo puede cambiar rápidamente si deciden escalar. Trump ha insinuado que el mundo se enterará de la ruptura definitiva del alto el fuego por un gran resplandor proveniente de Irán, una clara referencia a la bomba atómica.

Surge cada vez con más fuerza entre comentaristas estadounidenses una nueva posibilidad, que no es descartable, visto lo visto: que el régimen iraní haya decidido seguir con la guerra, ir a por todas, imponer una disuasión memorable, con el objetivo de no ser atacado por Estados Unidos nunca más. Ha ocurrido antes.

Tras la revolución iraní de 1979, un grupo de estudiantes, apoyado por el nuevo Gobierno islamista, retuvo a 66 diplomáticos y ciudadanos estadounidenses en la embajada de Teherán durante 444 días. La crisis se prolongó hasta el 20 de enero de 1981. La fecha no fue casual: fue una especie de “regalo de bienvenida” de los ayatolás al nuevo presidente, Ronald Reagan. La crisis de los rehenes en Irán fue el factor decisivo en la derrota electoral de Jimmy Carter frente a Reagan en 1980. ¿Pretenden ahora someter a un castigo semejante a Donald Trump y, quizá, dinamitar su presidencia?