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Opinión | 'THE OTHER CLUB'
Albert Sáez

Albert Sáez

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

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¿Alguien se ha negado a someterse a la cuarentena por el hantavirus?

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Casi diría que tengo constancia de que en Moncloa y en Génova se levantan cada mañana pensando de qué pueden hablar y qué pueden decir para ahondar en la polarización entre el PSOE y el PP, entre el Gobierno y las comunidades autónomas, entre el bloque pretendidamente progresista y el bloque pretendidamente ultra. Y el resultado es que no siempre aciertan. Les resulta fácil cuando se trata de la corrupción porque aquí hay para dar y vender. Pero patinan cuando entran en temas de gestión y, muy especialmente, en temas internacionales. Incluso rozan el ridículo cuando pretenden montar un debate sin un hecho que lo sustancie. Esta semana les ha pasado en más de una ocasión.

¿Y qué más da si la cuarentena es obligatoria?

La ministra de Defensa introdujo ruido en la gestión del espinoso tema del hantavirus al asegurar que los pasajeros españoles del crucero que se trasladasen al hospital Gómez Ulla no iban a someterse a una cuarentena obligatoria. Su disonancia con la ministra de Sanidad nos ha proporcionado una polémica en un asunto que no tiene discusión posible entre partidos con experiencia y vocación de gobierno. ¿Debe desatender España un requerimiento de la Organización Mundial de la Salud para gestionar la evacuación de los pasajeros del Hondius? No. ¿Es el Gómez Ulla el hospital adecuado para confinar a los 14 españoles que desembarcarán este domingo? Sí. Cómo diría Cruyff, «no hay nada más de decir». Pero entonces, ¿De qué discutirían irreconciliablemente PP y PSOE, PSOE y PP esta semana? Pues se organiza la polémica de la obligatoriedad de la cuarentena. El pulso libertario del PP imitando a Vox contra ese paternalismo azucarado del sanchismo. Y ya la tenemos liada. El drama es que no hay hecho que sustente el asunto: ¿Se ha negado algún pasajero a someterse a la cuarentena? No. Mientras, se han gastado los titulares y los cortes de voz sin decir lo esencial: el hantavirus está perfectamente identificado desde hace años, no como el covid-19; el hantavirus tiene un índice de contagio infinitamente más bajo que el covid-19; y el hantavirus tiene una letalidad muy superior al covid-19. De manera que si la política institucional habla de lo que no pasa, el populismo se despacha en las redes sobre lo que no pasa, sin base científica y al grito de que nos están volviendo a engañar. Un regalo inmerecido a Vox en plena campaña andaluza. Y volverán a culpar a la redes como siempre que no reconocen sus errores.

Así tratan de convertir a los Mossos en la Gestapo

Otro asunto sin hecho nos ha ocupado esta semana. Nos referimos a la presencia de los Mossos en los institutos para luchar contra la delincuencia en las aulas que se ha mezclado con la poco profesional infiltración en una asamblea sindical. Vayamos por partes. No hay ningún instituto de Catalunya que haya recibido la visita de los agentes policiales de paisano que no lo haya solicitado previamente. Otra cosa es que el populismo sindical, tan pernicioso como el político, no quiera que sea dicho. Los estallidos de violencia en las aulas son tan antiguos como la película protagonizada por Sidney Poitier (1967). Y algo hay que hacer, dicen los directores y dicen los alcaldes. Y lo racional es desplegar agentes de paisano para no parecer lo que no somos, un estado policial. Otra cosa, que nada tiene que ver, es la poca destreza de los Mossos para camuflarse. Ya ocurrió en los disturbios del 2017. Y otra tercera cosa es que la dirección general de la Policía sea el único reducto en el Gobierno de Salvador Illa que tenga una estrategia de comunicación independiente a mayor gloria de su titular y de su coro de aduladoras, ni siquiera de la titular de la conselleria. Pero, hechos, no hay. Es tremendamente sorprendente que cuanto más independentistas quieren ser algunas formaciones menos estén dispuestas a soportar las incomodidades de ejercer el poder con soberanía.

¿Prioridad nacional?

Montar debates polarizados sin hechos que los sustenten es una de las especialidades que mejor maneja el populismo de extrema derecha. En Extremadura hay 35.000 inmigrantes sobre una población de 1 millón de personas. En Aragón 164.000 sobre 1,3 millones de habitantes. En ambos casos, más de la mitad son ciudadanos de otros países se la UE, por tanto disfrutan de libertad de circulación. Aparte de ser moralmente deleznable, que Vox plantee en estas comunidades el espinoso concepto de «prioridad nacional» en los servicios públicos puede responder a muchas cosas, pero nada tiene que ver con los intereses de sus votantes.

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