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Opinión | GATO ADOPTIVO

Ferran Boiza

Ferran Boiza

Director adjunto de EL PERIÓDICO

¿Cogobernanza? Si eso, otro día

Los ministros de Sanidad y Política Territorial, este jueves, con el presidente de Canarias.

Los ministros de Sanidad y Política Territorial, este jueves, con el presidente de Canarias. / EFE

Seis años después de la pandemia, España vuelve a enfrentarse a una crisis sanitaria con el manual extraviado y las administraciones hablando a destiempo. O no hablando. El espectáculo es desoladoramente familiar.

La primera evidencia, una vez más, ha sido la falta de coordinación. El presidente canario, Fernando Clavijo, tuvo que esperar casi 48 horas para hablar con Pedro Sánchez. En plena crisis, la impresión fue que se ninguneaba a la primera autoridad de las islas.

Durante la pandemia se nos vendió hasta la saciedad la “cogobernanza”. Fue la palabra mágica que justificaba desde la confusión competencial hasta la falta de rendición de cuentas, pasando por una recentralización intermitente que aparecía y desaparecía según convenía. Pero la cogobernanza de verdad consiste en informar a tiempo, en compartir datos, en anticipar decisiones de manera conjunta; en tratar a las comunidades como socios, no como subordinados.

Solo la aparición de perfiles más técnicos, como la directora de Protección Civil, Virginia Barcones, y el director general de Salud Pública, Pedro Gullón, ha aportado algo de serenidad al debate. Porque la confianza no se decreta en una rueda de prensa, sino que se construye con transparencia, con anticipación y con coherencia.

El caso del barco afectado por el hantavirus ha sido de nuevo revelador. Es probable que lo más correcto sea llevarlo a Canarias, aunque finalmente solo vaya a fondear, pero tomar la decisión sin haberlo tratado antes con el presidente autonómico constituye una torpeza de primer nivel. La imagen de trabajadores portuarios amenazando con bloquear las operaciones era perfectamente evitable.

La lección de la pandemia fue que nadie se salva solo. Lo inquietante ahora es comprobar que no la aprendimos o, si lo hicimos, que la hemos olvidado. Ante una crisis sanitaria, los gobiernos no deben pedir tranquilidad, sino que deben generarla. Y el ruido de estos días dinamita la confianza.

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