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Opinión | Relaciones amorosas

Agnès Marquès

Agnès Marquès

Periodista

Barcelona

Amor a la carta

¿Empezaremos a preguntarnos si merece la pena una pareja humana cuando podamos encargar una a medida? Una que nos espere siempre contenta cuando lleguemos a casa. Que no tenga malos días ni deje las cosas desordenadas. Que nos escuche con fascinación permanente.

Una pareja de enamorados.

Una pareja de enamorados. / Shutterstock

En 'La guerra de los Rose', Barbara y Oliver (Kathleen Turner y Michael Douglas) pasan de ser una pareja brillante y enamorada a declararse una guerra doméstica delirante. Discuten por la casa, por los niños y el perro, por los vasos de cristal Baccarat que Barbara no conoce hasta que se casa con Oliver porque en su casa, su madre, usaba vasos de supermercado; comentario lanzado delante de los invitados que exaspera a Oliver, porque las grandes discusiones siempre empiezan por pequeños detalles.

Hay algo grotesco y cómico en esa manera de odiarse porque, en realidad, lo que están defendiendo es su identidad dentro de la relación. Una caricatura hilarante de la vida cotidiana de muchos matrimonios que quizá está a punto de convertirse en una reliquia.

¿Empezaremos a preguntarnos si merece la pena una pareja humana cuando podamos encargar una a medida? Una que nos espere siempre contenta cuando lleguemos a casa. Que no tenga malos días ni deje las cosas desordenadas. Que nos escuche con fascinación permanente. Que no contradiga nuestras opiniones políticas ni se moleste porque llegamos tarde. Una pareja programada según nuestros gustos, educada con nuestras obsesiones y configurada para satisfacer exactamente nuestras necesidades emocionales y sexuales. Amor a la carta. Y también la discusión. Un ente al que puedas soltarle cualquier barbaridad sin consecuencias.

Quizá incluso podamos apagarla cuando nos moleste.

Hay personas que ya consideran que tienen una relación con asistentes virtuales, y es plausible que todos acabemos recurriendo a ello de alguna manera. Las relaciones humanas son divertidas, pero también agotadoras. Exigen negociación constante, sabiendo además que nunca podremos controlar del todo al otro.

Una pareja artificial propondrá una experiencia personalizada. Spotify ya nos evita el conflicto de tener que elegir, porque nos hace listas según nuestros gustos. Netflix nos recomienda la serie exacta para no perder el tiempo. Las redes sociales nos muestran solo lo que confirma nuestro mundo. Era cuestión de tiempo que el amor también acabara entrando en esta lógica algorítmica. El amor sin fricción.

Pero ¿puede haber amor sin alteridad? Sin la resistencia del otro, ¿hay verdadera compañía? Que te quiera alguien que no ha sido programado para quererte. Alguien que podría no hacerlo. Y aun así, se queda.

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