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Opinión | Gestión pública
Joan López Alegre

Joan López Alegre

Periodista y exdiputado en el Parlament

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El sudoku de las ZBE

La defensa del medio ambiente o la lucha contra el cambio climático genera amplios consensos; sus políticas prácticas, como la implantación de las ZBE o las nuevas tasas de basuras, no

La ZBE de Barcelona se reactiva este lunes tras su suspensión por el caos de Rodalies

SEÑAL DE RESTRICCIÓN DE LAS ZBE

SEÑAL DE RESTRICCIÓN DE LAS ZBE / JOAN MATEU PARRA / Delegaciones

Las Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) llegan ya a casi todos los municipios metropolitanos, ahora es el turno para sus habitantes. El galimatías y la confusión pueden incluso con aquellos más concienciados con la lucha contra la contaminación ambiental y las emisiones.

No hay duda de que lo razonable hubiera sido que los 36 municipios que forman parte del Área Metropolitana de Barcelona (AMB) hubieran consensuado un calendario y unas normas comunes… por algún motivo no ha podido ser. Los alcaldes metropolitanos han perdido una oportunidad de justificar los casi 3.000 millones de presupuesto de este ente.

Moverse como uno quiera, cuando quiera, con el medio que desee y a donde le parezca oportuno es libertad personal y también es necesidad social y económica. Casi nadie duda de la necesidad de poner coto a las emisiones y de tener una calidad del aire razonable pero el caos de Rodalies, la saturación de la AP7, la insuficiencia de las líneas de bus interurbano, el retraso en la ejecución de infraestructuras, la demora de seis meses para obtener el carné de conducir y las normas dispares sobre las ZBE convierten la movilidad en un imposible que pone a prueba la paciencia de cualquiera.

Las ZBE limitan la tipología de vehículos que pueden acceder al centro de un municipio y eso sucede a la vez que envejece el parque móvil. Hoy la vida media de un automóvil es de 14 años, el doble que hace 20 años. La no renovación del parque móvil refleja el cambio de prioridades de la sociedad y también el incremento del coste de la vida por encima de los ingresos.

En el último tercio del siglo XX, las peatonalizaciones de los centros de las ciudades fue un campo de batalla ganado por los pacificadores frente a los que querían mantener el tráfico a toda costa. La mala planificación y diversidad de normas de las ZBE es una oportunidad perdida de dar otro paso, sin conflicto, tras el consenso generado por las ventajas de la peatonalización.

Casi nadie sabe hoy si, por ejemplo, procediendo de un municipio sin ZBE puede acceder a otro que ya lo tenga implantado. Tampoco se sabe qué municipios implantan las ZBE con periodos transitorios y cuáles no… y lo que es peor la medida, para muchos, es un dolor de cabeza, al verse obligados a comprar un vehículo nuevo ambientalmente adaptado a la normativa de las ZBE.

La Unión Europea no escapa al lío de los municipios metropolitanos de Barcelona. También ha dado un paso adelante y otro atrás en materia de fabricación de vehículos impulsados por energías fósiles, fijando primero una fecha para su extinción y luego cambiando de opinión.

La defensa del medio ambiente o la lucha contra el cambio climático genera amplios consensos; sus políticas prácticas, como la implantación de las ZBE o las nuevas tasas de basuras, no. Los alcaldes son tan conscientes de que esto enerva a los vecinos que la mayoría de ellos activan las ZBE pero lo hacen con periodos transitorios, sin multas, que van más allá de mayo de 2027, fechas de las próximas elecciones municipales.

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