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Opinión | Nuestro mundo es el mundo
Joan Tapia

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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Los porqués del malestar

La economía española crece más que la europea y se crea empleo, pero hay insatisfacción y aumenta la protesta contra el sistema

Manifestación por una vivienda asequible en València en 2024.

Manifestación por una vivienda asequible en València en 2024. / Rober Solsona - Europa Press

España ha alcanzado en abril el récord histórico de 22,1 millones de inscritos en la Seguridad Social. Es un salto relevante respecto a los 19 millones de antes del covid. Y el aumento del empleo se debe a que el PIB español crece. Y el que más de los principales países europeos.

El Gobierno lo subraya: de cada diez empleos creados en Europa, cuatro han sido aquí. Y, sin embargo, el malestar social es real -casi nadie lo niega- y sube el voto de protesta. En Catalunya, según una reciente encuesta, Aliança Catalana y Vox serían el tercer y cuarto partido, por delante de Junts y el PP.

¿Cuáles son las causas de este malestar? Una, que muchos economistas subrayan, es que mientras el aumento del PIB global -del 3,5% en 2024 y del 2,8% en 2025- está por encima de la media europea, no pasa lo mismo con el PIB per cápita, donde seguimos bastante por debajo. La razón es que, debido a la inmigración, la población española aumenta más que la de otros países. De los 517.000 empleos creados el último año, algo más de la mitad son de extranjeros. Somos más a la hora de repartir el PIB y, por tanto, el per cápita crece menos que el total. Pero sin inmigrantes el país se estancaría y el aumento del global tiene ventajas. Por ejemplo, el relevante de la 'ratio' de deuda, lo que pagamos a los mercados por la deuda.

El malestar social tampoco se produce ya porque los salarios crezcan menos que los precios. Según el último informe de la OCDE 'Taxing Wages 2025', el salario medio anual español fue de 32.678 euros, con un aumento del 3,8%, superior al 2,6% de la inflación. Por tanto, el poder de compra aparente aumentó un 1,2%. Pero como el tipo impositivo medio del contribuyente subió un 1,5%, la capacidad adquisitiva real cayó un 0,3%. Y no es el primer año que pasa este fenómeno cuya causa principal es el no ajuste de la tarifa del IRPF, por lo que un contribuyente puede saltar de escala y pagar más a Hacienda como consecuencia de un aumento salarial de convenio. OCDE 'dixit'.

Según la OCDE, el poder de compra no crece pese a que los salarios suben más que la inflación por el no ajuste de las tarifas del IRPF. Pero es el precio de la vivienda el que rompe los equilibrios

Con este sistema de 'progresividad en frío', las tarifas reales del IRPF suben un poco cada año sin que las nominales -más gritonas- lo hagan. El contribuyente pierde algo de poder adquisitivo, pero el Estado recauda mucho más. Así el déficit público ha bajado del 3% del PIB, exigencia de la UE. Este sistema 'indoloro' de subir el IRPF es injusto, pero no es este Gobierno el primero que lo hace y bajar el déficit ha tenido sus ventajas.

La gran causa del malestar es la vivienda, cuyo precio se ha disparado muy por encima de los salarios. Comprar una vivienda cuesta mucho más que hace unos años. Y lo peor es lo de los alquileres.

El Estado -no el mercado- falló porque no hizo vivienda social (sí hospitales y escuelas) y la política socialista ha pecado de 'buenismo'. Construir cuesta, no se hace de un día para otro y ha optado por proteger a los inquilinos topando los alquileres. Así ha ayudado a los que ya tienen un alquiler, pero ha desanimado a los propietarios a alquilar y -no queriendo- los ha incitado a pasar a los pisos turísticos o de temporada. O incluso a vender y reducir la oferta de alquiler. Además, la encomiable protección a los vulnerables que no pueden pagar, que debería ser cosa del Estado, recae sobre los propietarios, al menos en un primer momento. Así los arrendadores huyen del alquiler normal.

La realidad es que se ha protegido a los que ya tienen un alquiler, pero que los que buscan uno nuevo (sus hijos) no pueden encontrarlo. Y el malestar de los hijos se está trasladando a los padres, preocupados porque sus hijos no pueden acceder a una vivienda. Y menos a una de compra porque España (Barcelona, Mallorca, Málaga, Madrid…) es un país con gancho y muchos europeos -y no europeos- compran.

Es el precio por ser un país que va bien, pero los jóvenes que buscan su primera vivienda lo pagan. Y se irritan. Quizás no es tanto que los jóvenes se sientan atraídos por la extrema derecha como que el laberinto de encontrar una casa les conduce al malestar y la protesta.

A los jóvenes Vox no les resolverá nada, pero protestan contra lo que hay. Quizás como hace más de 50 años el maoísmo no solucionó los problemas de los jóvenes de entonces, pero encarnó la rebelión. A veces de los más inquietos.