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Deber y humanidad

Resulta preocupante que este episodio haya derivado en una confrontación política que introduce ruido donde debería haber tranquilidad y transparencia

Qué se sabe y qué no sobre el brote de hantavirus y los contagios en el crucero 'MV Hondius'

El crucero neerlandés MV Hondius, fotografiado el 4 de mayo frente a la costa de la ciudad de Praia, en la isla de Santiago, Cabo Verde, después de que tres personas murieran a bordo a causa de un síndrome respiratorio agudo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de un caso confirmado y cinco casos adicionales sospechosos de infección por hantavirus en el buque que navega por el Océano Atlántico. EFE/EPA/ELTON MONTEIRO

El crucero neerlandés MV Hondius, fotografiado el 4 de mayo frente a la costa de la ciudad de Praia, en la isla de Santiago, Cabo Verde, después de que tres personas murieran a bordo a causa de un síndrome respiratorio agudo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó de un caso confirmado y cinco casos adicionales sospechosos de infección por hantavirus en el buque que navega por el Océano Atlántico. EFE/EPA/ELTON MONTEIRO / ELTON MONTEIRO / EFE

La próxima llegada a Canarias del crucero MV Hondius, afectado por un brote de hantavirus, ha despertado debates que trascienden lo sanitario. En el buque viajan pasajeros de veinte nacionalidades, 14 de ellos españoles, y ha de dirigirse a un puerto con capacidad para aplicar las medidas de salud pública necesarias. La imposibilidad de que Cabo Verde pudiera asumir esas gestiones llevó a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a solicitar la colaboración del Gobierno español.

La petición debía ser atendida, como así ha sido, sin duda. No solo porque así lo establece el Reglamento Sanitario Internacional, sino porque es una cuestión de responsabilidad internacional y de deber humanitario. Negar asistencia en estas circunstancias supondría traicionar el principio básico de solidaridad. El desembarco permitirá realizar una evaluación epidemiológica adecuada, reducirá riesgos a bordo y garantizará la atención médica a quienes lo precisen.

España dispone de un sistema sanitario preparado para afrontar situaciones de este tipo. Existen protocolos específicos, unidades de aislamiento de alto nivel y equipos acostumbrados a gestionar emergencias epidemiológicas. Así lo subrayan especialistas como la presidenta de la Sociedad Española de Epidemiología, que recuerda que se realizan simulacros periódicos y que la red hospitalaria puede asumir este tipo de contingencias.

La atención a los pasajeros no será fruto de la improvisación, y es seguro que se producirá con el máximo rigor médico y la serenidad necesaria. El operativo diseñado contempla la evaluación, aislamiento y repatriación de los pasajeros a sus respectivos países, garantizando las condiciones de seguridad y evitando el contacto con la población local. En este sentido, cabe destacar que los expertos insisten en que es «imposible» que este brote derive en una pandemia.

Cuando el barco atraque en Granadilla de Abona (Tenerife), los 14 españoles serán examinados y trasladados el lunes al Hospital Gómez Ulla de Madrid y permanecerán en cuarentena. Los extranjeros serán repatriados. De hecho, tres personas con síntomas de enfermedad ya han sido llevadas a los Países Bajos, aunque dos de ellas tuvieron que hacer escala en Canarias tras negarse Marruecos a atender una avería de su avión. En un contexto globalizado, resulta imprescindible la coordinación de organismos y las soluciones compartidas. Por ello, resulta preocupante que este episodio haya derivado en una confrontación política que introduce ruido donde debería haber tranquilidad y transparencia. El recuerdo de la pandemia debería bastar para evitar alarmismos infundados y discursos que distorsionan la realidad. También para reclamar diálogo entre administraciones. No es razonable que decisiones de esta envergadura se perciban como imposiciones, que las decisiones no se informen y compartan en tiempo real con las administraciones con competencias, en este caso las canarias, ni que se responda con rechazos extemporáneos. La información, el consenso y la coordinación institucional son imprescindibles para transmitir confianza.

La llegada del MV Hondius no es una amenaza, sino una prueba de responsabilidad. Exige rigor científico, cooperación política y humanidad. Atender a quienes lo necesitan, con garantías y serenidad, es la única respuesta posible. Una respuesta a la altura de nuestra sanidad pública.