
Exdiputado de ERC.
Front d'Esquerres de Catalunya o sálvese quien pueda
Se argumenta, a manera de justificación, que el enorme esfuerzo que supondría hacerlo realidad difícilmente tendría la recompensa de impedir que las derechas llegaran a la Moncloa

El portavoz de ERC, Gabriel Rufián, en el acto celebrado en la Universitat Pompeu Fabra (UPF). / MANU MITRU
Dirigentes de los partidos políticos de izquierda catalanes son interpelados sobre qué opinan de una hipotética unidad electoral de los independentistas y de los soberanistas, tanto para las elecciones generales de 2027 como para las del Parlament del año siguiente, a través de la creación de un Front d'Esquerres de Catalunya. Una propuesta de candidatura que reuniera a toda la izquierda situada más allá del PSC, sin necesidad de que desaparecieran los logos de los partidos que la conformaran, que no parece despertar por ahora mucha entusiasmo en sus direcciones. Efectivamente, lo aceptan como un quebradero de cabeza sobrevenido. De hecho, cuando apenas ha aparecido la cuestión, ya se han recordado varios pronunciamientos. Por un lado, el de destacados miembros de la dirección de ERC, anunciando que el republicanismo se presentará “solo”, a pesar de caer en la contradicción de dar por hecho que esta será la opinión mayoritaria de la militancia una vez se haya llevado a cabo la discusión interna que tanto Junqueras como Alamany garantizaron. Se transita, pues, desde estas opiniones al silencio de la CUP (salvo las declaraciones titubeantes del alcalde de Girona o de algún otro cargo electo), como si se hubiera optado por renunciar, incluso, a la controversia ideológica, pasando por las excusas de los Comuns, supeditando un hipotético visto bueno a hacerlo realidad exclusivamente en las elecciones municipales o expresando temores a un programa social resultante poco izquierdoso, obviando que justamente la incorporación en las listas de representantes de los movimientos sociales sería la garantía del progresismo de las propuestas incorporadas.
No obstante, a pesar de las reticencias a abandonar las zonas de confort, el debate crecerá a medida que vayan percibiéndose las consecuencias de un gobierno Feijóo-Abascal para el Estado social, las libertades y la catalanidad, tal como se ha reflejado en el País Valencià y en Balears, donde la catalanofobia está plenamente integrada en la gobernanza. Será inevitable para los dirigentes políticos, pues, salir a la palestra a confesar cuáles son las verdaderas causas de su poco entusiasmo. Y justo es decir que no les resultará fácil. En primer lugar, porque también tendrán que salir argumentos que no se usan en público, que atañen a intereses estrictamente partidistas. Y, por otra parte, porque es compartido, por razonable, que la desafección y el desaliento de la ciudadanía alineada con la cultura política de izquierdas solo desaparecerán si aquello que se hace es justamente lo que ya no espera que acabe pasando. Es decir, la preeminencia de la unidad y que 'los de arriba' actúen de acuerdo con la reclamación dirigida 'a los de abajo', sobre la necesidad de compartir reclamaciones y movilizaciones.
En todo caso, al margen de que se llegara a tiempo o no de frenar a la derecha, es evidente que la experiencia del frente sería provechosa para afrontar las elecciones catalanas de 2028
Se argumenta, a manera de justificación del poco interés en apostar por el Front d'Esquerres de Catalunya, que el enorme esfuerzo que supondría hacerlo realidad difícilmente tendría la recompensa de haber impedido que las derechas llegaran a la Moncloa. Una conclusión del todo apresurada, porque ningunea la trascendencia de los beneficios del efecto espejo de que en el resto del Estado también se conformara un Frente de Izquierdas español. Sería bueno, en consecuencia, que desde las cúpulas se interpretara como advertencia una idea tan contundente como esclarecedora, que ya ha arraigado en el electorado: “Si ni ahora, con el diluvio que nos caerá, no os ponéis de acuerdo, quizás que ya no nos vengáis a buscar más adelante”.
En todo caso, al margen de que se llegara a tiempo o no de frenar a la derecha es evidente que, dadas las urgencias y las amenazas que asedian a la sociedad catalana, la experiencia del Front d'Esquerres de Catalunya sería provechosa para afrontar las elecciones catalanas del año 2028. Porque, más allá de haber obligado a dejar atrás prejuicios y 'vendettas', los grandes beneficiarios habrían sido los militantes de base, los simpatizantes y, por extensión, los votantes, los cuales se habrían sentido protagonistas de un proyecto de unidad popular basado en la voluntad de anteponer las cuestiones sociales y nacionales, así como los sentimientos compartidos, para hacer plausible situar el Front d'Esquerres en las elecciones catalanas de 2028 en un escenario de victoria o de suficiente protagonismo como para conformar un Govern con el PSC que, a manera de 'compromesso storico', construyera una hegemonía de izquierdas al servicio de la cohesión social y de la resolución del conflicto nacional con el Estado.
¡Unidad o sálvese quien pueda!
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