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Opinión | El mar alrededor

Carol Álvarez

Carol Álvarez

Subdirectora de El Periódico

El sentimiento europeísta juvenil en Catalunya

La encuesta del CEO revela que el 65% de los jóvenes se sienten europeos, pero no perciben la utilidad práctica de la UE en su día a día

Exterior del Parlament Europeo

Exterior del Parlament Europeo / Alex Flores

Los números, bien mirados, cuentan historias. No lo hacen solos, claro, pero ayudan a enfocar, a ordenar, a entender por dónde van las cosas. En periodismo son una especie de brújula; sirven para relativizar, para señalar lo importante y, de vez en cuando, para detectar que algo está cambiando antes de que se note del todo.

Me he quedado pensando en la última encuesta del Centre d’Estudis d’Opinió sobre los 40 años de la adhesión a la Unión Europea. No tanto en el titular fácil, sino en lo que se intuye entre líneas. Hay una idea que me parece especialmente reveladora: los jóvenes se sienten europeos, pero no acaban de ver claro para qué sirve Europa en su vida cotidiana. Podría parecer una contradicción, pero a mí me suena más a oportunidad que a problema.

Porque lo verdaderamente difícil sería lo contrario. Que no hubiera identificación, que Europa no significara nada, que se percibiera como algo ajeno. Y, sin embargo, los datos dicen otra cosa. Si el 58% de los catalanes se declara muy o bastante europeísta —frente al 37% que no se siente así—, entre los jóvenes de 18 a 24 años el apoyo sube hasta el 65%. Y no solo eso: en apenas dos años ha crecido 29 puntos. No es un matiz, es una señal bastante clara de que algo se está moviendo.

Ahora bien, cuando se les pregunta por el funcionamiento de la Unión Europea o por su capacidad de influir en lo que se decide, el entusiasmo baja. Y ahí es donde aparece la grieta. Hay vínculo emocional, pero falta conexión práctica. Europa gusta como idea, pero no siempre se entiende como herramienta. Y eso, a medio plazo, es un problema.

Porque si no se percibe como útil, si no se ve en lo concreto —en las oportunidades, en las decisiones que afectan al día a día—, ese europeísmo puede quedarse en algo frágil, casi simbólico. Hace falta que se note más y que se explique mejor. Más pedagogía, y tambié más voluntad de acercar las decisiones a quienes deberían sentirse parte de ellas.

El contexto internacional tampoco permite demasiadas ingenuidades. La hostilidad de Trump hacia la Unión Europea, la guerra en Ucrania o la inestabilidad en el Golfo Pérsico empujan en una misma dirección: la necesidad de reforzar la unidad, de coordinar esfuerzos, de tener una voz propia en un escenario cada vez más tensionado. Pero esa presión externa también deja al descubierto las debilidades internas. Y lo que no se sostiene desde dentro difícilmente resiste desde fuera.

Ahí el periodismo tiene un papel más que necesario, el de traducir, contextualizar y hacer que lo que parece lejano deje de serlo. En esa línea se sitúa el I Premio Talent Jove de Periodismo Europeo, impulsado por EL PERIÓDICO junto a la Associació de Periodistes Europeus de Catalunya (APEC) y la Fundació Catalunya Europa. Es, en el fondo, una apuesta pensada para estos tiempos: que haya más y mejores historias sobre Europa, contadas desde la mirada profesional de los jóvenes y pensadas para quienes experimentarán las políticas de las instituciones. Que alguien consiga explicar mejor qué es Europa para que, quizá, también se entienda mejor por qué importa.

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