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Opinión | Corrupción
Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

Periodista. Director del suplemento 'Abril' de Prensa Ibérica. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

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Ábalos, un maleante friki

Los miembros de esta trama han constituido un grupo de ajusticiados que, sean culpables o no, han mostrado un grado de horterismo y prepotencia difícil de superar. Pero van con los tiempos

Ábalos desarrolla una estrategia que lo aleja de Aldama y Koldo pero no convence a Anticorrupción

Captura de la señal del Tribunal Supremo en la que aparece el exministro José Luis Ábalos durante su declaración,este lunes. EFE/ Señal Del Tribunal Supremo SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO). sust txto, sustituye texto 2, añade texto 1, amplía texto 1

Captura de la señal del Tribunal Supremo en la que aparece el exministro José Luis Ábalos durante su declaración,este lunes. EFE/ Señal Del Tribunal Supremo SOLO USO EDITORIAL/SOLO DISPONIBLE PARA ILUSTRAR LA NOTICIA QUE ACOMPAÑA (CRÉDITO OBLIGATORIO). sust txto, sustituye texto 2, añade texto 1, amplía texto 1 / Señal del Tribunal Supremo / EFE

Recuerdo a un buen hombre de montaña que a todos los malos los llamaba “maleantes”. Hablara de un ladrón de casas o de un político corrupto su calificativo siempre era el mismo: “Este es un maleante”. El término viene, como casi siempre, del latín “malus” y el sufijo “ent”, que indicaría el agente de la acción. El que actúa mal. La cosa pública siempre ha tenido a maleantes. No son tantos, pero los que son no pasan desapercibidos. Por eso les dedicamos espacios en los diarios. De haber muchos, dejarían de ser noticia.

Existen maleantes nobles, exhibicionistas, lumbreras, horteras, de guante blanco, torpes y puteros. Este último calificativo es un perfil de maleante que han puesto de moda los últimos juzgados por casos de corrupción. Los Ábalos, Koldo y Aldama han constituido un grupo de ajusticiados que, sean culpables o no, han mostrado un grado de horterismo y prepotencia difícil de superar. Pero van con los tiempos. Parece que se deba ser friki para aparecer con insistencia en los medios. El mismo que escribe este artículo debe tener parte de culpa, pero los tres explican el momento que nos ha tocado vivir.

No siempre fue así. Hubo maleantes que mostraron su honestidad ciudadana. Políticos que, aun no reconociendo sus errores, aceptaron las consecuencias con dolor pero sin rechistar. Recuerdo a Josep Maria Sala, juzgado por delito de asociación ilícita y falsedad documental. Fue aquel caso de finales de los 90 por financiación irregular del PSOE a través de las empresas Filesa, Malesa y Time Export. Al día siguiente de hacerse pública la sentencia renunció a su escaño como diputado en el Parlament y senador. También puso a disposición del partido su cargo que era el de secretario de Acción Política y Electoral del PSC. Sala no esperó a que se pronunciara el Constitucional sobre un recurso de amparo y abandonó la ejecutiva del PSC tras la decisión del Supremo de ejecutar la sentencia. Compareció ante el juzgado de instrucción para recibir la notificación de ingreso en prisión y esa misma tarde, sin agotar las 48 horas que le dio el juez, se fue a Can Brians.

Es cierto que solo estuvo 25 días, pero también que presentó una querella criminal contra los jueces que lo juzgaron por dictar una resolución a sabiendas de que era injusta. El Supremo la desestimó. Posteriormente, el Constitucional rebajó la pena, ya que entendió que el Supremo había vulnerado su derecho a la presunción de inocencia respecto al delito de falsedad en documento mercantil.

Josep Maria Sala cumplió sus seis años de inhabilitación y pagó una multa de 350.000 pesetas, 2.104 euros, una pasta en la época. Tras esos años volvió a la política en una segunda línea. Lo más importante es que no se llevó ni una peseta a su casa.

A pesar de haber actuado erróneamente, actuó con honestidad a lo largo del juicio y en las situaciones posteriores. Lo de Ábalos y compañía es un despropósito. He leído algún análisis que asegura que este primer juicio no está dañando la credibilidad de Pedro Sánchez. Es posible. Pero la del PSOE, sí. Nada que ver con aquellos socialistas de los 80.

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