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Opinión | Editorial

Barcelona

Trump, en horas muy bajas

A seis meses de las elecciones de mitad de mandato, el republicano afronta una larga campaña en su peor momento de popularidad, con la crisis de Irán sembrando incertidumbres y un movimiento MAGA cada vez más dividido

Trump acusa a la UE de violar el pacto comercial y elevará al 25 % el arancel a los coches.

EFE

A seis meses de las elecciones de mitad de mandato, el presidente Donald Trump afronta una larga campaña de aquí a noviembre en su peor momento de popularidad, según todas las encuestas. Desgastada su figura por los efectos inmediatos de la guerra de Irán -inflación e incertidumbres económicas de futuro-, siente la Casa Blanca como nunca antes el coste que puede tener en las urnas un comportamiento tan alejado de sus promesas en la campaña de 2024, un factor divisivo del movimiento MAGA, su gran sostén electoral, con aparición de la disidencia, mientras mejoran las expectativas del Partido Demócrata. Aunque los sondeos abundan en la idea de que los electores tienen una idea negativa de los dos grandes partidos, el aparentemente más castigado es el Republicano, en línea descendente y que, como sucedió en noviembre del año pasado en las elecciones locales y estatales, puede salir más dañado de las urnas si, como apuntan los vaticinios, la política y los comportamientos de Trump son un resorte movilizador de la oposición de primer orden.

Más allá de la versión oficial del curso de los acontecimientos en Oriente Próximo, han sido las consecuencias de la guerra las que han llevado el índice de aceptación de Trump por debajo del 40%. Tres de cada cuatro estadounidenses son contrarios a la aventura iraní; alrededor del 30% del universo MAGA se siente defraudado con el belicismo del presidente, que prometió en campaña no inmiscuirse en nuevas guerras; la última encuesta sobre comportamiento político del electorado latino señala una caída en picado del apoyo a Trump. A todo ello, repunta en el ala más moderada del Partido Republicano el desacuerdo con la Casa Blanca: candidatos de noviembre en ambas cámaras del Congreso temen tener que afrontar una campaña a la contra, en una situación especialmente incierta de guerra sin guerra al estilo de la situación actual.

El hecho es que ninguna de las grandes propuestas del presidente que le llevaron a la victoria frente a Kamala Harris ha visto la luz de forma clara y diáfana, la estrategia aislacionista se ha diluido, la política arancelaria se halla bloqueada por los jueces y la relación de Donald Trump con el mundo de Jeffrey Epstein lastra permanentemente su imagen pública. La sentencia del Tribunal Supremo que anula el rediseño de distritos electorales para concentrar el voto de las minorías no parece, por lo demás, que pueda ser un factor determinante el 3 de noviembre, sobre todo si, como parece, los candidatos demócratas se ven beneficiados por un aumento de la participación. En otras palabras, está en juego la operatividad de la segunda mitad del mandato de Trump, perseverante este en su grandilocuencia de líder autoritario.

Tiene el presidente a su disposición resortes suficientes para mediatizar el desarrollo de las elecciones, y pocos dudan de que recurrirá a ellos si lo estima necesario. Pero tal impresión es también un factor movilizador de la oposición y de desgaste de su figura, llegado el caso de que quiera poner en jaque los usos democráticos. Tiene el sistema de pesas y medidas de Estados Unidos suficiente rodaje para que tal cosa no suceda o se neutralice, pero nada es descartable ante la reconocida imprevisibilidad del personaje y su apego a los métodos expeditivos.

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