Opinión | Inacción fiscal

Profesora de Ciencia Política de la Universitat de València. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO
La trampa de no deflactar el IRPF

Imagen de archivo de varias personas siendo atendidas en la Agencia Tributaria para presentar la Declaración de la Renta / Europa Press
El Primero de Mayo ha vuelto a situar en el centro del debate la necesidad de mejorar los salarios para que los trabajadores recuperen el poder adquisitivo perdido tras años de inflación elevada, una reivindicación en la que coinciden sindicatos, Gobierno y oposición. Sin embargo, esa reivindicación del Gobierno resulta incoherente con su política fiscal, ya que la negativa a deflactar el IRPF reduce el efecto de las subidas salariales y convierte la inflación en una vía de aumento de la recaudación.
Deflactar el IRPF significa actualizar los tramos, los mínimos personales y las deducciones según la evolución de los precios con el objetivo de evitar la progresividad en frío, es decir, que los contribuyentes paguen más o pasen a tipos superiores sin que su renta real haya mejorado. Porque, cuando no se aplica este ajuste, las subidas salariales que solo compensan la inflación acaban traduciéndose en más carga fiscal.
Los datos reflejan bien este efecto. Según el Consejo General de Economistas, un contribuyente con el salario medio, 24.918 euros, ha pagado unos 820 euros más en los últimos cinco años por no actualizar el impuesto. En términos anuales, supone unos 250 euros para rentas cercanas a los 25.000 euros, unos 350 para ingresos de 30.000 y alrededor de 500 para 45.000. También afecta a las rentas más bajas, que, aunque no siempre tributan, soportan retenciones mensuales más altas.
Este incremento de la carga fiscal se explica en parte por la falta de actualización de elementos básicos del impuesto, como el mínimo personal, que se mantiene en 5.550 euros cuando debería situarse en torno a 7.226 euros si se hubiera ajustado al IPC. Una diferencia que afecta especialmente a las rentas medias y bajas y contribuye, junto a otros factores, al aumento de la recaudación, que en 2025 alcanzó los 142.466 millones de euros, un 10,1 por ciento más que el año anterior.
En consecuencia, no deflactar beneficia al Gobierno desde el punto de vista presupuestario, porque le permite aumentar sus ingresos sin necesidad de introducir cambios normativos, facilitando su aplicación. Tanto que, gracias a ello, en 2025 se han generado unos 2.300 millones de euros adicionales que le han permitido cumplir los compromisos de incremento de la recaudación vinculados al Plan de Recuperación europeo, como así ha reconocido en el Informe de Progreso Anual que acaba de presentar a Bruselas.
El Gobierno cumple porque recauda más, pero no lo hace a base de disciplina ni de una reforma fiscal, que es lo que se le exige desde Europa, sino a través de una inacción que acaba perjudicando precisamente a los trabajadores, incluidos los de menor renta. La experiencia de varias CCAA que han ajustado sus tramos del IRPF demuestra que deflactar es viable y tiene efectos reales sobre la renta disponible, algo que el Ejecutivo también podría hacer si de verdad quisiera que los salarios creciesen, pero la realidad es que prefiere beneficiarse del esfuerzo de los trabajadores.
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