
Director de EL PERIÓDICO
La IA podría eliminar 300.000 empleos, pero su sostenibilidad económica es la gran incógnita

Día del trabajador / Chatgpt
Los sindicatos son una pieza fundamental en toda economía avanzada. Cómo explicaban los líderes de CCOO y de UGT, la negociación colectiva ha sido decisiva en la conquista de los derechos de los trabajadores. Y también lo ha sido, de manera más discreta, cuando se ha tratado de asegurar la viabilidad de muchas empresas, especialmente en momentos en los que es necesaria la reconversión y la adaptación a escenarios cambiantes. Hablamos, claro, de lo que tradicionalmente hemos llamado «sindicatos de clase» o más modernamente «sindicatos de servicios». No de esos sindicatos gremiales o de empresa. Pero no podemos circunscribir los debates sobre el trabajo única y exclusivamente a las relaciones laborales. Hablar del trabajo, efectivamente, es hablar de salarios, de horarios, de condiciones higiénicas, de seguridad,... Pero el trabajo es un elemento esencial en la organización de las sociedades en la medida que regula la distribución de la riqueza, la financiación de los sistemas de previsión y protección, mientras que también impacta en la educación, en la familia, en la prestación de servicios públicos y en el estado de ánimo colectivo. Los sindicatos son un elemento esencial en las relaciones laborales. Pero no son los únicos que pueden y deben intervenir en los debates entorno al trabajo. Por eso es una pena que el Primero de Mayo se haya convertido en una conmemoración solo sindical.
Retos laborales de la IA
En un reciente coloquio organizado por EL PERIODICO y BBVA, el presidente de la entidad bancaria, Carlos Torres advertía de que la Inteligencia Artificial (IA) implicaba un gran reto para el concepto del trabajo ya que este tiene que ver con la producción de bienes y servicios, pero también con la distribución de la riqueza, de la capacidad de consumo y del bienestar. En el esquema actual, si la IA sustituye a los trabajadores, las empresas se quedan sin clientes. A no ser que se pongan en marcha alternativas como la de la renta universal. De hecho ya hay grandes corporaciones en este país que pagan a sus trabajadores para que no trabajen. Gabriel Ubieto recogía el 1 de Mayo un estudio de Funcas que, al final del proceso, pronosticaba un saldo negativo de 300.000 puestos de trabajo por la universalización de la IA. Son muchos, pero menos de los que anuncian sus apologetas. Las empresas que están liderando la IA cometen, a mi entender, un grave error estratégico y es concentrar los argumentos de venta de sus aplicaciones en la mejora de la eficiencia en relación a la producción actual de las empresas. Piensan que solo así convencerán a los empresarios de pagar lo que vale la IA. Pero están generando una externalidad negativa como es demonizar su implementación. Plantearlo en términos de productividad sería mucho más certero porque permitiría que el trabajo continuase ejerciendo esas funciones que señalaba Torres que superan los límites de la producción. El sueño de los neomarxistas de aprovechar el cambio tecnológico para establecer un paraíso en la tierra achicharrando de impuestos a las máquinas para pagar salarios en forma de subsidios es un error. El trabajo ha sido una forma de democratización de la libertad en la medida que impacta también en la realización personal. Trabajamos para ganarnos la vida, pero trabajando cultivamos nuestra formación, conseguimos metas . En definitiva, hablando con el lenguaje cursi de los 'boomers', nos realizamos. La IA es también un proceso de democratización del uso de la tecnología que puede ayudar a esa realización personal a la par que mejora la productividad.
El debate de la sostenibilidad
La propaganda de la IA elude también el debate de su sostenibilidad, económica no solo medioambiental. Eso que llamamos IA es, hoy por hoy, el manejo de grandes bases de datos en tiempo real a partir de determinados algoritmos que, eso sí, tienen cierta capacidad de autogenerarse. No es un detalle menor que el mayor impacto laboral de la IA sea entre los programadores. La universalización del uso de esa tecnología requiere la construcción de grandes centros de datos donde procesarlos y de redes de telecomunicaciones para conectarlos con los usuarios. Por ahora, el punto de equilibrio entre el coste de esas infraestructuras y el precio que tienen que pagar los usuarios se está buscando en la plusvalía que genera en términos de costes laborales. Pero eso impacta en la capacidad de compra de los consumidores y en la salud financiera de los estados. Si a IA no consigue ganar eficiencia en sus propios costes acabará siendo un negocio económicamente insostenible. Una ruina como lo han sido tantas tecnologías aunque siempre nos acordemos solo de las que triunfan.
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