Opinión | Concierto en Barcelona

Periodista
La singularidad
La música de El Último de la Fila al principio te llama la atención, te parece diferente a todo, no sabes si realmente te está gustando, pero cada vez te parece más bueno

Manolo García y Quimi Portet, durante la presentación de la gira del regreso de El Último de la Fila en mayo de 2025 en Madrid. / José Luis Roca
Escribo estas líneas pocas horas antes de encontrarme con El Último de la Fila. Junto con otros cuantos miles de personas, cierto, pero con la música y los artistas que una ha escuchado a solas en su habitación se tiene una relación personal, intransferible e incomparable. Manolo García y Quimi Portet, con 70 y 68 años respectivamente, vuelven a subirse juntos a un escenario, como no lo hacían desde que tenían 40 y 38, hace 30 años.
Yo tenía 16 cuando conecté con algo de su música que, como no soy crítica musical, me voy a permitir describir como un paisaje al principio extraño y persistente. Singular. Algo a lo que, canción tras canción, uno se vuelve adicto. Como hablamos de los sentidos, mi cabeza -y sus recorridos poco disciplinados- me han llevado hasta la pasta en salsa veneciana de cebolla dulce y anchoas que preparan los hermanos Colombo en su restaurante Xemei, en Barcelona. Es lo mismo. Al principio te llama la atención, te parece diferente a todo, no sabes si realmente te está gustando pero no lo dejas porque el plato está ahí, la música está sonando, y cada vez te parece más bueno, y sabroso, hasta que simplemente te encanta y solo quieres más.
Es bonito cuando algo es distinto y no encaja del todo con nada. Es bonito porque ocupa un lugar propio, esquiva las comparaciones y la indiferencia se le resiste. El Último de la Fila o te gusta mucho o eres de los que no entiende cómo puede gustar tanto a algunos. Eso es mil veces mejor que ser corriente.
En su momento, el grupo no respondía demasiado a lo que se escuchaba. Ni en la manera de sonar, pero tampoco en la manera de estar en el escenario y en las portadas. No había exhibición, creo que es más bien lo contrario. Como si el centro no fueran ellos, Manolo y Quimi, sino que fuera lo que pasa entre la canción y los que escuchan. Tuvieron una manera singular de estar en el mundo de la música.
Dentro de unas horas iré a su encuentro. Hace 30 años apenas había ido a algún concierto con mis padres (el de Madonna en 1990, con apenas 10 años, merece un artículo aparte) así que va a ser mi primera y última vez con El Último. Estoy un poco nerviosa. No sé si sonaran igual. Supongo que también debe ser algo que les preocupe a ellos. Aunque, en realidad, tampoco importa demasiado. Hay cosas a las que volvemos solo para comprobar si aún nos dicen algo.
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