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Opinión | Justicia
Jordi Puntí

Jordi Puntí

Escritor. Autor de 'Confeti' y 'Todo Messi. Ejercicios de estilo'.

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Los ladrones de ideas

Quizá no sea casualidad que la empresa demandante se llame Tesla. Musk dice que es un homenaje al gran cerebro, pero hay cierto cinismo en lo de poner el nombre de un inventor expoliado a tu empresa millonaria

"Fui un idiota": todas las claves de la declaración de Elon Musk en su juicio contra OpenAI

Elon Musk, dentro del tribunal federal de Oakland (EEUU) en el que se celebra su juicio contra Sam Altman y OpenAI.

Elon Musk, dentro del tribunal federal de Oakland (EEUU) en el que se celebra su juicio contra Sam Altman y OpenAI. / David Paul Morris / Bloomberg

Recuerdo haber leído dos buenas novelas sobre el científico Nikola Tesla: 'La invención de todo lo demás', de Samantha Hunt (Univers) y 'Rayos', de Jean Echenoz (Anagrama). Pese a ser de estilos distintos, ambas reafirmaban una misma imagen de Tesla: el genio solitario en un laboratorio de Nueva York, que fue el inventor de la corriente alterna y de la radio y murió arruinado, mientras Thomas Alva Edison se llevaba la fama y el dinero. Quizás era una simplificación, pero al mismo tiempo resumía una realidad: la del visionario aislado mientras los demás se enriquecen con su idea.

Tesla murió en 1943, pero su figura me ha venido a la memoria porque ahora mismo, en Estados Unidos, se vive un intento de actualizar su drama en forma de juicio. Este es el asunto: en 2015, Elon Musk y Sam Altman cofundaron OpenAI como laboratorio sin ánimo de lucro para desarrollar la inteligencia artificial “en beneficio de la humanidad”. En 2018, cuando vio que no podría mandar en el nuevo modelo (ya con ánimo de lucro), Musk se salió el proyecto. En 2022, OpenAI lanzó ChatGPT a toda prisa e inició así la carrera por el dominio de la IA. Ahora Musk, que fue quien reclutó el talento creativo, reclama un pastón en daños y perjuicios, acusando a Altman de haber traicionado la misión fundacional y enriquecerse ilícitamente.

Quizá no sea casualidad que la empresa demandante se llame Tesla. Musk dice que es un homenaje al gran cerebro, pero hay cierto cinismo en lo de poner el nombre de un inventor expoliado a tu empresa millonaria. La realidad es que en este juicio hay más malos que buenos. Ni Musk es Tesla, ni Altman es Edison. Y la pregunta que se impone es: ¿a quién pertenecen las ideas? ¿Al que las concibe, financia o comercializa? La respuesta suele ser ambigua, y los cerebros pierden. Y mientras los abogados discuten sobre billones de dólares, ChatGPT sigue respondiendo a millones de usuarios que no saben nada del juicio. Tesla quería que sus invenciones fueran de todos. Al igual que Musk y Altman al principio (hay que suponer): ahora ya no, y entretanto la IA avanza desenfrenada ellos se pelean por el pedazo más grande de la tarta.

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