
Miembro de Lafede-justicia global y del Centre Delàs
Guerra y paz a la catalana
El alineamiento del modelo productivo catalán con los conflictos bélicos no abre los informativos, ni hay un debate público abierto y transparente al respecto
Sistemas antidrones, misiles y munición: la UE pone en marcha su programa de defensa con un presupuesto de 1.500 millones

Un tanque Leopard 2, de fabricación alemana, durante unas maniobras militares en Grafenwoehr, el pasado mes de febrero. / MARTIN DIVISEK / EFE
Les tensiones mundiales y la endiablada coyuntura geopolítica han llevado el gasto militar a su máximo histórico. Tal y como publica esta misma semana el organismo mundial de referencia, el SIPRI- Stockholm International Peace Research Institute, en 2025 fueron 2,88 billones de dólares. Todos los miembros de la OTAN gastaron 1,58 biliones, el 55% del total, y aunque el Gobierno español lidera el «No a la guerra» a nivel internacional y posiciona a Barcelona como capital de paz, España entra en el 'top' 15 de países con más gasto militar, con 39.476 millones de euros.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, pidió a todos los países miembros ponerse en modo “economía de guerra”, lo que en la práctica significa priorizar el gasto público en material militar, la investigación empresarial en desarrollo de nuevas aplicaciones militares, ampliar la producción de las empresas militares e incrementar los 'stocks' militares. Los presidentes de la UE, por su parte, acordaron el plan “Rearmar Europa” de incremento del gasto militar. El Gobierno catalán, aunque sin obligaciones en el tema, se ha sumado al negocio de la guerra convocando a las empresas catalanas para presentarles programas como el European Defence Fund, el European Defence Industry Programme o el Military Mobility Package, e invitándolas a adaptar su producción a las necesidades del Ministerio de Defensa, si quieren asegurarse contratos y dinero público.
Lamentablemente, este tipo de reuniones y de alineamiento del modelo productivo catalán con la guerra no abren los informativos, ni hay un debate público abierto y transparente al respecto. Las promesas son siempre las mismas -crecimiento económico, riqueza y empleo-, pero los argumentos son cuestionables. El Informe Draghi asegura que el 80% de las compras militares de la UE se hacen a países externos a la UE y, especialmente, a la industria norteamericana, y el Future of Technology Institute confirma que Europa depende en un 78,5% de proveedores tecnológicos de EEUU para su defensa. Y, en concreto, de empresas como Microsoft, Google, Amazon Web y Oracle. Resulta obvio a quién le interesa aumentar el gasto militar y a quién beneficiará la inversión.
Si la apuesta pasa por reforzar la industria militar europea, cabe recordar que trabaja bajo contrato previo (o con subvenciones a la I+D), y tiene capacidad de fijar el precio que tendrá que pagar el cliente-Estado. Aunque a menudo se hable de “mercado de la defensa”, prácticamente no hay mercado, ni criterios de coste-beneficio u objetivos de competitividad, lo que supone malgastar recursos públicos, según las lógicas del propio mercado: un tanque de tercera generación alemán, el Leopard 2A8, cuesta 29 millones de euros; el Abrams M1A2 norteamericano cuesta 18; el T-90 ruso cuesta 4 y el Type 99A chino, 2. Óbviamente todo el dinero de más que se gaste en comprar tanques alemanes para reforzar la industria militar europea se traducirá, tarde o temprano, en recortes en pensiones, sanidad o prestaciones sociales.
El argumento clásico de los puestos de trabajo tampoco se sostiene, porque ya hay estudios que muestran que invertir en energías renovables, educación o sanidad genera mucho más empleo, y tampoco es buena idea en términos de sostenibilidad y descarbonización de la economía.
En el caso de Catalunya hay, además, un último argumento que es el de la coherencia de discurso y políticas, y el de respeto a la identidad del propio país. Catalunya votó no al referéndum de ingreso en la OTAN, y la pulsión antimilitarista y pacifista del país se tradujo en una ley de fomento de la paz y en un consejo asesor del Govern, que se reactivó a partir de la guerra de Ucrania. Fruto de todo ello, el Govern prepara en estos momentos una política catalana de paz, después de dos años de proceso de reflexión y consultas. Las organizaciones que llevamos años trabajando por la paz sabemos que Catalunya tiene muchos más activos, capacidad y experiencia en fomentar la paz que en preparar la guerra, y que el único buen negocio para nuestro país es ponerlo en valor.
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