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Opinión | Verdiales

Inés Martín Rodrigo

Inés Martín Rodrigo

Periodista y escritora

Barcelona

La carta de amor inmortal de Siri Hustvedt a Paul Auster

Hay libros, muy pocos, que son un milagro. 'Historias de fantasmas' lo es. Sólo queda dar las gracias a su autora por seguir viva, y escribiendo

Los escritores Siri Hustvedt y Paul Auster.

Los escritores Siri Hustvedt y Paul Auster. / Lucas Dolega

El texto más difícil que he escrito fue un ‘encargo’. Hacía una hora, quizás algo menos, tal vez un poco más, que mi padre había fallecido. Su cuerpo yacía aún en la cama en la que murió, a la espera de que llegaran los empleados de la funeraria y, mecánicamente, cumplieran con su trabajo, lo metieran en una bolsa y lo trasladaran al tanatorio, donde sería velado e incinerado.

Estábamos en el salón, todavía consternados, tratando de asimilar, no ya su pérdida, sino lo que acabábamos de vivir, esos minutos irreales, desgarradores, en los que has de comprobar su pulso, certificar que ese aliento en el que, temerosa de presenciar su muerte, no estuviste presente fue el último, no volverá a respirar.

Aunque siempre respetó la fe de mi madre, el catolicismo al que se encomendó, infructuosamente, hasta el final de su vida, mi padre no era creyente, por lo que decidimos que no hubiera misa, pero sí un pequeño acto de despedida en el que se leería un elogio fúnebre. Quiero que lo escribas tú, me dijo su mujer esa mañana, antes de que su cadáver abandonara su casa, la de ambos, el hogar que lograron construir a pesar de todo, incluso de la enfermedad.

Sin pensarlo demasiado, casi al instante, dije que sí, claro, yo lo haré, no te preocupes, y después me entregué a las gestiones, decisiones que nunca pensé que tendría que tomar, escogí su ataúd y la corona de flores, la urna en la que depositarían sus cenizas. Al día siguiente, muy temprano, encendí el ordenador y me puse a escribir. El dolor que experimenté mientras trataba de encontrar las palabras sin que la angustia me asfixiara es indescriptible.

Esa imagen, la de la autora que no puede dejar de ser la hija que acaba de perder a su padre, es imposible disociarse, fue la primera que me vino a la mente cuando empecé a leer 'Historias de fantasmas'. Siri Hustvedt comenzó a escribirlo un par de semanas después de la muerte de Paul Auster, su marido, su compañero, su amigo, su amante, 43 años de vida conjunta truncada por el diagnóstico de un cáncer de pulmón que en 16 meses de tratamiento y terribles efectos secundarios devino en fatalidad.

Es precioso, y triste, y conmovedor, y admirable, el relato que hace del duelo “por Siri y Paul”; de los últimos días del escritor, en los que “la luz se volvió cada vez más importante para él”; de su valentía, que la dejó sin habla; de su muerte, a la que ella temía al no poder controlarla, pero que fue “buena”; de cómo el tiempo, en su ausencia, perdió “toda forma reconocible”.

Pero igual de emotiva, y lúcida, y sensible sin caer en la sensiblería, y honesta, y sincera, es su mirada, la de la mujer que conoció a un hombre en Nueva York a principios de los 80 del que se enamoró, al que acompañó en su trayectoria vital y literaria, junto al que creció, al lado del que tuvo que soportar el menosprecio de quienes la consideraban únicamente “la mujer de” y no la gran escritora que era.

Sin frialdad, pero con la distancia necesaria y sin embargo nada distante, sin obviar ni ocultar nada, ni siquiera las tinieblas que tan fácil hubiera sido evitar, Hustvedt ha compuesto una hermosa sinfonía de despedida, híbrida y fragmentaria, una carta de amor inmortal. Hay libros, muy pocos, que son un milagro. Este lo es. Sólo queda dar las gracias a su autora por seguir viva, y escribiendo.