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Opinión | Nuestro mundo es el mundo
Joan Tapia

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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¿Un gobierno suicida?

La derrota del decreto de alquileres demuestra que el Gobierno PSOE-Sumar se ha convertido en un 'artefacto' cuyo objetivo prioritario es no romper

PP, Vox y Junts tumban el decreto de prórroga de los alquileres

PP, Vox y Junts tumban el decreto de prórroga de los alquileres

Lucía Feijoo Viera

Sánchez ha perdido la votación sobre el muy polémico decreto de alquileres. 177 votos en contra (Vox, PP y Junts) contra 166 a favor (PSOE, Sumar, Podemos y nacionalistas) y 5 abstenciones del PNV. Una derrota relevante y sonada. Y bastante más.

Olvidémonos un momento del fondo del asunto. ¿Qué pensarían de un gobierno muy discutido, sin mayoría clara, que desde la investidura no ha podido aprobar unos presupuestos, y que, en esta situación, presenta un decreto ley, que necesita aprobar en el Congreso, sabiendo que no tendrá mayoría y que sufrirá una gran derrota? Pues que es un gobierno masoquista, que le gusta ser vapuleado. O suicida, que no le importa morir.

Sánchez sabía que el decreto no saldría porque le faltarían los votos de Junts. Puigdemont quiere doblegarle y, además, cree que este voto en contra no le perjudica. La prueba de que el presidente lo sabía es que lo separó del otro decreto -el necesario para afrontar la subida del petróleo por la guerra de Irán-, que sí salió aprobado.

El Gobierno cedió a la presión de Sumar no por suicida, sino porque es un 'artefacto' inestable que debe contentar a su socio minoritario, que exige medidas muy discutibles y para las que no hay mayoría parlamentaria. Yolanda Díaz cree -aunque las encuestas la desmienten- que les beneficia exigir más de lo que el PSOE quiere y que además, parlamentariamente, es imposible. Así tenemos un Gobierno que no sabe aceptar sus límites políticos porque Sumar cree que tiene 'la razón universal' y que la mayoría parlamentaria es un chicle.

Es difícil comprender por qué Sánchez dejó aprobar en el Gobierno un decreto-ley sobre vivienda que sabía que luego sería rechazado en el Congreso y que le comportaría otra seria derrota parlamentaria

¿Cómo, pues, sobrevive? Porque la mayoría contraria es solo negativa. Coincide -no siempre- en votar en contra, pero no es operativa porque no puede ni acordar ni ganar una moción de censura como exige la Constitución. Y como hizo Sánchez -casi nadie lo creía posible, pues Rajoy acababa de aprobar los presupuestos- en 2018.

Además, la alternativa que la mayoría de las encuestas dan como más probable -una coalición PP-Vox- no convence. No la practica ni el PP alemán (la CDU), ni el polaco (Donald Tusk), que plantan cara a la extrema derecha. ¿Y qué garantías hay -lo estamos viendo con la “prioridad nacional”- de que un 'artefacto' PP-Vox sería más coherente y estable? Tendría, sí -no es poco-, una mayoría parlamentaria, siempre según encuestas de cuando las elecciones aún no están convocadas.

Conclusión. Hasta las elecciones de 2027, o hasta que Sánchez decida -y pocos gobernantes convocan para perder-, España está condenada a vivir con una muy precaria estabilidad. Media España reprueba a Sánchez y a su Gobierno, rehén de la extrema izquierda, pero no hay mayoría para derribarle. Y Feijóo no convence a la otra media y es también prisionero -lo vemos en Extremadura y Aragón- de la extrema derecha.

Vayamos al fondo del asunto. La vivienda es el gran problema y agrava la desigualdad social. Y la causa indiscutible es que el aumento de la población (en Catalunya de 6 a 8 millones) hace que la demanda de vivienda sea muy superior al incremento -muy escaso- de la oferta. Y la propuesta de Sumar, congelar una vez más los alquileres y seguir externalizando a los propietarios la protección social a los vulnerables, podría incluso agravar la situación.

En Catalunya, en base a la ley de la vivienda de 2023, en las zonas 'tensionadas' -la mayoría- se practica algo menos radical. Solo se permite la subida de los alquileres con un índice 'ad hoc'. Ha dado resultados a favor de los que ya tienen un alquiler, porque los precios han bajado un poquito (en Barcelona) o han subido muy poco (en el total de Catalunya), pero no es la solución. El otro efecto es que desciende el aumento de pisos en alquiler. En Barcelona, de 9.825 en el primer trimestre de 2024 a 7.908 en el cuarto de 2025. Y en Catalunya, de 34.495 a 26.931. Y así, cada año, los nuevos alquileres se los llevan los que tienen más garantías.

Y, teniendo en cuenta que el PP gobierna en la mayoría de las comunidades, mejorar la situación de la vivienda exigiría algún acuerdo PP-PSOE.

No hay que ser catastrofistas porque España crece y se ha visto que -salvo en la guerra civil y la posguerra- nunca pasa lo peor. Pero el gran incremento de la polarización -y de la influencia de los extremos- es bastante más que preocupante.

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