
Periodista y escritora
Sin salida
La deslealtad de Sánchez con Junts le ha llevado a una situación que ya no tiene escapatoria y, a medida que empeora, aumenta el ahogo de su Gobierno

Vídeo: SARA FERNÁNDEZ GARCÍA | FOTO: JOSÉ LUIS ROCA
Sea porque los del lado derecho no tienen ningún proyecto para salir del callejón sin salida en que está la legislatura (dado que no osan presentar una moción de censura), o porque los del lado izquierdo necesitan poner paños calientes en la herida, el hecho es que ningún sector dio suficiente importancia a las palabras de Míriam Nogueras el pasado 22 de abril. La portavoz de Junts dirigió una pregunta demoledora al presidente español, una vez constatada la parálisis de Sánchez, que solo es capaz de ejecutar aquello que aprueba vía real decreto. "¿Qué argumento democrático le queda para no convocar elecciones?", espetó Nogueras, y el silencio fue la respuesta. De este modo sutil, la palabra “elecciones” era registrada en las actas del Congreso en boca de un aliado imprescindible para garantizar la legislatura. Es cierto que la desafección con Junts ya suma seis meses que han provocado múltiples y sonoras derrotas parlamentarias al Ejecutivo español, pero de la ruptura a la mención de la palabra maldita hay un salto cualitativo.
En este punto, hablar de tensión con Junts, como acostumbra a hacer el PSOE, es un eufemismo insostenible. No es tensión, sino ruptura, y dado que es definitiva, también marca definitivamente el resto de la legislatura. No habrá decreto de la vivienda de Sumar, ni ninguno de los proyectos estrella que promete Sánchez antes de acabar el mandato, ni avanzará en algunas de las promesas a los otros aliados (el PNV ya pide explicaciones), ni tampoco serán posible los presupuestos. Es decir, la famosa “aceleración” de la legislatura que había anunciado el Gobierno ni vendrá, ni se la espera, y también se le irán acabando las excusas. Al fin y al cabo, Sánchez ha conseguido driblar muchos incumplimientos, especialmente el incumplimiento de presentar presupuestos antes de acabar el primer trimestre del año, con la excusa de la guerra de Irán, pero el uso -y abuso- de la política internacional como camuflaje para tapar las dificultades interiores es un chicle que acaba agotándose. Es cierto que demonizar a Israel, pelearse con Trump, conciliar con Irán y confraternizar con China le ha dado réditos personales y le ha regalado un tiempo político que no tenía, sobre todo ahora que empezaban los juicios por corrupción, pero estas baterías adicionales se están agotando y al final quedará lo que queda: la legislatura está en colapso. Además, esta dimensión de líder radical de la izquierda en el escenario internacional le repunta un poco en votos, pero es a expensas de la izquierda a su izquierda, que ve cómo se queda sin relato y sin espacio. Es decir, Sánchez crece vampirizando los votos de sus aliados, cosa que solo sirve para ganar calendario.
Tampoco Feijóo tiene mayoría parlamentaria para forzar la salida del presidente del Gobierno. Pero, ¿por qué no ha planteado una moción de censura con el único punto de convocar elecciones?
Por eso la pregunta de Nogueras tiene mucho sentido. La líder de Junts no pidió explícitamente elecciones, pero preguntó cómo se las ingeniaría Sánchez si no las convocaba. Y esta es la cuestión central: ¿cómo lo piensa hacer? ¿Qué hará para cumplir los acuerdos con los aliados, avanzar con leyes importantes, tener presupuestos, etcétera, si ya no le queda ninguna capacidad de maniobra? Por mucho que Pedro Sánchez ha demostrado una habilidad extraordinaria en encontrar salidas imposibles, el manual de resistencia no es capaz de neutralizar todas las contingencias. Y queda demasiado tiempo hasta las generales, para mantener una situación de parálisis parlamentaria. Al final, este es el tema: su deslealtad con Junts le ha llevado a una situación que ya no tiene salida, y a medida que empeora la situación, aumenta el ahogo de su gobierno. Difícil situación la de Sánchez: no puede convocar elecciones, porque sabe que las perdería; pero no puede gobernar, si no convoca elecciones. Y mantenerse en el gobierno sin poder gobernar es una opción que tiene fecha de caducidad.
En este punto, una cuestión paralela: la incapacidad de Feijóo de imaginar salidas alternativas al callejón sin salida que también sufre su partido: tampoco él tiene mayoría parlamentaria para forzar la salida de Sánchez, dado que nadie quiere ir de la mano de Vox. Pero, ¿por qué no ha planteado una moción de censura con el único punto de convocar elecciones? Tal vez aquí tendría más opciones, o, cuando menos, parecería que tiene alguna idea alternativa. Sánchez en colapso y Feijóo colapsado: el rey ahogado en los dos lados de la partida. Surrealista.
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