
Periodista y psicóloga.
¿Prioridad o supremacía nacional?
Priorizar significa ordenar, decidir qué va primero sin anular el resto. El supremacismo, en cambio, implica que una cosa se impone por encima de todas las demás
A vueltas con la prioridad nacional

Federico Trillo, en su casa. / José Luis Roca
El debate entre el PP y Vox sobre la “prioridad nacional” es en realidad una competición para ver quién defiende con mayor contundencia una idea más profunda: la supremacía, llamémosla “nacional”, de España. La diferencia no es menor. Priorizar significa ordenar, decidir qué va primero sin anular el resto. Supremacía, en cambio, implica que una cosa se impone por encima de todas las demás. No es una cuestión de grado, sino de naturaleza.
Esta semana ha venido Federico Trillo al Divan de Catalunya Ràdio. Cuando le preguntaba por las cargas policiales del 1-O, las reducía a que solo duraron “media hora”. Es mentira; las hubo hasta primera hora de la tarde. Pero, más allá de la inexactitud, lo que impresionaba era el criterio: medir la violencia en términos cuantitativos. Como si su legitimidad dependiera del tiempo y no del hecho mismo. Acabó admitiendo que las cargas fueron una tragedia, pero que aún lo fue más que la población votara.
En el mismo sentido, al expresidente del Congreso de los Diputados le indignaba que el Estatut de Catalunya, aprobado en las cámaras españolas, se llevara a referéndum y se votara. Antes de que él mismo lo empujara hacia el Tribunal Constitucional para que lo recortase, el texto constituía una desmesura, según su opinión. Un exceso de capacidad de decisión, un exceso de autonomía catalana, claro, engañando a la población.
Aquellos que creímos en la legalidad vigente no tuvimos en cuenta que no importa demasiado si las leyes las aprueba el Congreso, el Senado y la población votante. Porque lo que debe prevalecer por encima de todo, siempre y de manera clara, es la supremacía española. ¿Cómo? Como sea. Por eso Trillo no ve bien que ahora se hablen todas las lenguas oficiales en el pleno del Congreso. El castellano merecería otro respeto, superior.
Utilizar el adjetivo “nacional” hace agradable la supuesta prioridad, pura supremacía. Nación remite a identidad, cultura, emoción colectiva, sentimiento de pertenencia y calidez. Tanto si se trata de inmigración como de territorios, algunos ya se han quitado la careta de la Transición.
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